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Columnistas  |  17 octubre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Oriana Giraldo

NO ME PIERDO “PASIÓN DE GAVILANES”

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Oriana Giraldo

Por Oriana Giraldo

He intentado mantenerlo bajo secreto, pero ya qué, la verdad es que me veo Pasión de Gavilanes de lunes a viernes a las 8:30 p.m. por el Canal Caracol y cuando me la pierdo, porque tengo mucho trabajo o porque estoy empeliculada pensando en el COVID-19 (soy hipocondriaca), me pongo triste y no duermo igual si lo último que veo en televisión no es a Juan Reyes.

Como buena socióloga he intentado explicarme a mí misma la razón de que me guste tanto esa telenovela, sabiendo que propone estereotipos muy marcados del hombre y la mujer; representa mujeres con roles pasivos, víctimas de discriminación, violencia, acoso sexual y cosificación; los actores parecen leyendo el libreto literalmente, la historia es tremendo cliché (son 3 para 3), a los viejos les pintan las canas con talco Johnson y los efectos se parecen a los del Chavo del 8. He encontrado dos razones para justificarme y ver la novela tranquila:

La primera es que esta novela salió al aire, por primera vez, en el 2003, cuando yo tenía 15 años, entonces, me recuerda las cosas de esa época y la forma como pensábamos. Porque, aunque yo hoy me declare feminista, no nací siéndolo, sino que he ido forjando la idea de feminismo, al igual que lo ha ido haciendo la sociedad. Lo que más me ha impactado, al ver ahora esta novela, es que en ese momento asumiéramos ciertos actos machistas con tanta naturalidad.

En los últimos tres capítulos se ha planteado un tema que me saca de quicio y es la dignidad de la mujer basada en la virginidad. Ha habido un drama porque, aparentemente, una joven del novelón tuvo un encuentro sexual con un muchacho y los diálogos que hay alrededor de esa situación me aterran. Se ha habado de la pérdida de la honra de la familia y la de ella por este supuesto encuentro. Aquí, la forma de recuperar el honor es el matrimonio.

Aunque cada vez pasa en menos familias, esto me recuerda que, el mandato de la virginidad ha sido un mecanismo de control androcéntrico del cuerpo de la mujer, pero aún hoy se utiliza para discriminarla, someterla y hacerla sufrir, incluso, en nuestro país. Tengo que reconocer que a mis 15 años no me parecieron extrañas estas escenas, pero me entusiasma ser consciente, 16 años más tarde, de lo mucho que hemos evolucionado frente a la libertad sexual y al respeto a la autonomía de la mujer.

La otra razón por la cual me di permiso para seguir viendo Pasión de Gavilanes, es porque viene después del noticiero y lo que pasa en el mundo es cada vez más desesperanzador: la falta de humanidad de Trump, el poder del mundo en sus manos y la capacidad de manejar consciencias a través de la mentira; la agenda resentida de Bolsonaro y su interés de someter las necesidades de la sociedad a sus intereses particulares; la capacidad de este estilo de gobiernos de ocultar y negar los problemas más grandes de sus naciones me hace perder la fe en los seres humanos; porque en Colombia el problema es aún más doloroso: a la mentira y al engaño se suma que la defensa de los derechos humanos, de la verdad y de las comunidades vulnerables se ha convertido en un crimen.

Prefiero dormir pensando en los reyes y en los Elizondo que, además, todos son preciosos, acuerpados y adinerados.

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