• SÁBADO,  05 DICIEMBRE DE 2020

Columnistas  |  29 octubre de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Aldemar Giraldo

¿QUÉ PASÓ CON LA MINGA?

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Aldemar Giraldo

Aldemar Giraldo Hoyos

Empecemos por aclarar que una minga es “una reunión de diversos actores, saberes y herramientas en busca de un objetivo común”; sirve para todo, desde la construcción de un puente, hasta la preparación de un almuerzo. Cada comunidad pone lo que puede, de acuerdo con la disponibilidad y las necesidades del momento; según los líderes que estuvieron en Bogotá, “la minga es una reunión de amigos en la que circula la palabra, se piensa y se construye un modelo de vida compartido”.

El objetivo del movimiento era político: citar al presidente Iván Duque para hacerle varias exigencias, entre ellas, mayor protección ante la ola de violencia que los acosa; como el hombre no quiso hacerse presente en el sur, arrancaron para la capital, lógicamente, con un poco de indisciplina en cuanto a los protocolos de bioseguridad, como también, con rumba exagerada en la capital del Valle.

Todo el mundo esperaba la violencia desmedida y la destrucción de la infraestructura pública, tanto en el recorrido de sur a norte, como en Bogotá; los presagios de los altos jefes de verde, como también, del Ministro de Defensa, fallaron del todo; la advertida infiltración de la minga no se dio en ningún momento; hicieron su manifestación y expresaron sus desacuerdos en paz; tremendo ejemplo para los violentos y oportunistas; la expresión comunitaria no se hizo a nombre de algún partido político y la participación en el Paro Nacional fue con mesura e independencia.

Nadie sabe, exactamente, por qué regresaron intempestivamente a sus resguardos ni la relación de su viaje con la destrucción de varios laboratorios de procesamiento de coca en el Cauca; lo que sí sabemos todos los colombianos es que esta minga no es la que participó en el taponamiento de la Panamericana ni en los desmanes del año 2019.

Estoy de acuerdo con José Manuel Acevedo (26 de octubre de 2020): “bien vale la pena aprovechar ese espacio de reflexión para mirar hacia adentro y no solo para lanzar reclamos, arengas y peticiones hacia afuera. Al fin y al cabo, los amigos deben decirse la verdad”. Ya es hora de hacer seguimiento a las inversiones que hacen las comunidades indígenas con los recursos recibidos en los últimos años; necesitamos transparencia y sinceridad de parte de los que llevan la vocería y toman decisiones. Además, llegó el momento de desenmascarar algunos payasos “útiles” dentro de la comunidad indígena; no todo es tan lindo como sus trajes o sus bastones de mando. A veces, la muerte viene de adentro y los polvorines se encienden desde sus bohíos; qué tristeza ver como algunos “caciques” venden su alma al diablo y ponen en peligro la idiosincrasia y la autonomía de los pueblos indígenas que han jurado defender hasta la muerte. El deseo de poder y riqueza hace tambalear los ideales más nobles; además, el vicio de los politiqueros y caciques que los ha contagiado puede llevarlos a un desastre total del que será muy difícil regresar. No se puede perder el camino que han recorrido ni regresar a la detestable conquista que los diezmó. Como decía mi abuela india: “Cuando tu pueblo llegó a nuestra tierra, no fue con los brazos abiertos, sino con biblias, armas y enfermedades”.

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