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Cultura  |  13 enero de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

La pequeña campeona, remembranza de los Juegos Bolivarianos en Armenia

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Por Jairo Berrío Durán

Cuando la niña observó que estaban levantando la vieja pista de atletismo del estadio Centenario, rompió en llanto.

Sus amigos de oficio, el mejor oficio del mundo como es el de hacer deporte para crecer sano y moldear la personalidad, se dieron cuenta de la tristeza que embargaba a la pequeña campeona. Procedieron a preguntarle del porqué ella tan joven y ya empezaba a gastar las lágrimas que seguramente le servirían para cuando estuviera más grande.

El entrenador fue el primero en indagar qué tiene, ¿qué te duele pequeña campeona? Y ellas sin dudar les dijo, “Es que están tumbando mi otra casa, ¿les parece poquito?”

Ante semejante respuesta no tuvieron más alternativa que voltear a mirar cómo un grupo de obreros arrancaban de su propia entraña la que había sido el lugar donde la pequeña campeona entrenaba sin cesar en busca de la mejor marca para encontrar la gloria en los días de competencia. Además, allí había encontrado otra familia y allí suplía con creces las carencias afectivas y materiales que no encontraba en ninguna otra parte.

La pequeña campeona se puso furiosa y volvió a reclamar: ¿por qué tumban mi casa?

Presurosos, sus compañeros de actividad deportiva, con el entrenador a la cabeza, se dispusieron a tratar de justificar tanta monstruosidad.

Le preguntaron: ¿Si te ofrecen cambiar tu casa por una mejor lo aceptarías? Y ella respondió de inmediato con otra pregunta: “¿Pero sí me darán otra, no me engañarán y me enviarán a la calle?

Todos absolutamente todos le explicaron que los próximos Juegos Bolivarianos tienen al frente como director a Diego Palacios Gutiérrez, un hombre honesto, amable, incondicional del deporte y que ha ofrecido levantar la vieja pista y construir allí una nueva, pero de patinaje y que para los atletas se erigirá un parque con una pista súper moderna. Todos notaron que el rostro de la campeona se iluminó, que las lágrimas se transformaron en pequeñas perlas que hacían que su inocente rostro resplandeciera con una sonrisa que provocó lagrimas pero de alegría en sus compañeros.

Cuentan los vecinos donde vive la pequeña campeona que estuvo durante mucho tiempo contándole a sus amiguitos que había hecho un cambio sensacional, que ella era una gran negociante, que su vieja casa, la pista atlética la iban a tumbar pero que le entregarían una muy moderna donde incluso los podría invitar a ellos, porque era tan grande y espaciosa que todos cabrían y así su familia la deportiva iba en adelante a ser grande y numerosa.

Y nunca más la pequeña campeona volvió a llorar.

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