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Columnistas  |  23 febrero de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Armando Rodríguez Jaramillo

ALGO BUENO VA A SUCEDER EN EL QUINDÍO

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Armando Rodríguez Jaramillo

Por Armando Rodríguez Jaramillo

Con su tradicional estilo enmarcado en el realismo mágico, ese movimiento literario de mediados del siglo XX que muestra lo irreal y extraño como algo cotidiano y común, el Premio Nóbel Gabriel García Márquez (1927 – 2014), en el cuento Algo muy grave va a suceder en este pueblo, narra magistralmente que en un caserío pequeño como cualquiera de los de la geografía Caribe, una señora les dice a sus dos hijos durante el desayuno que «[…] he amanecido con el presentimiento que algo muy grave va a sucederle a este pueblo».

Mas tarde, uno de ellos, mientras juega billar con sus amigos, cuenta que está preocupado por el presentimiento de su madre. Uno de los amigos llega a su casa y recuenta lo sucedido. Una pariente que lo oyó se lo relata al carnicero mientras compra, por prevención, más de la carne que normalmente consume. A su vez el carnicero se lo dice a sus clientes, los que terminan acabando con el surtido y con una res más que tuvo que sacrificar para satisfacer la demanda que la premonición produjo.

Poco a poco, de boca en boca viajó el presagio de la anciana, hasta que alguien cualquiera, que se las daba de macho, decide irse del pueblo, mete sus pertenencias en una carreta y con sus hijos atraviesa por la calle principal. «Si este se atreve pues nosotros también nos vamos» dicen otros, y empieza una desbandada colectiva al punto que alguno decide incendiar su casa para que la desgracia por venir no caiga en ella, actitud que es imitada por los demás.

Ante tamaña situación, la señora del presagio le dice a su hijo: «¿Viste, mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?»

De forma por demás maravillosa, Gabo describe lo que puede ocasionar un presentimiento individual cuando se torna colectivo. Fue tal la sugestión y el temor de los habitantes de aquel pueblo ante algo desconocido y grave que aproximaba, que terminó por precipitar lo que ocurrió.

Pero por extraño que parezca esta ficción, tiene cierta similitud con algunos rasgos de nuestro comportamiento, pues cuando nos empeñamos en decir que en el Quindío poco hay para hacer, que el progreso se ve en los vecinos, que para salir adelante es mejor emigrar y no sé cuántas cosas más cargadas de negatividad, es pensar que algo malo sucede y presagiar que podría empeorar. Estas actitudes tienen el potencial de provocar efectos de bola de nieve seguidas de malos augurios.

Algo bueno está por suceder

La programación neurolingüística define la realidad como una invención y no como un descubrimiento, como un constructo psíquico basado en el hecho de que el ser humano no opera directamente sobre el mundo en que vive, sino que lo hace a través de representaciones a partir de los cuales genera y guía su conducta, entonces: ¿Qué tal si le diéramos vuelta a la situación y aprovecháramos el recurso del presentimiento para inducir hechos positivos? ¿Cómo sería si dijéramos que algo bueno está por suceder y nos creyéramos el cuento?

Muchas cosas sorprendentes pasarían con sólo dejarnos contagiar de lo bueno que tenemos, de nuestras maravillosa naturaleza e irrepetibles paisajes, de la cultura cafetera que nos identifica ante el mundo, de nuestro espíritu y calidez, del enorme patrimonio que representan nuestros doce municipios, de estar en el corazón de Colombia a medio camino de cualquier parte, de ser el destino preferido de muchos turistas nacionales y extranjeros, de la tenacidad y empuje de nuestros empresarios, de la belleza y vitalidad de la mujer quindiana, de ser un pueblo orgulloso de sus ancestros que no se amilana ante las adversidades, de contar con un talento humano formidable y recursivo, de tener una juventud innovadora y emprendedora, de hacer parte de un territorio que enamora al más indiferente y que a muchos atrae como sitio ideal para vivir con tranquilidad y calidad de vida.

Si así lo hiciéramos no cabría duda de que algo bueno va a suceder en el Quindío. Recordemos aquel proverbio chino que dice: «El agua hace flotar al barco, pero también puede hundirlo».

Armando Rodríguez Jaramillo

@arj_opina

@quindiopolis

19 de febrero de 2021

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