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Región  |  27 diciembre de 2017  |  12:16 AM |  Escrito por: Edición web

Los jeeps cafeteros como garantía de nuestra idiosincrasia

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Pese a la evolución, los conductores de jeeps de Armenia conservan intacta la tradición cafetera. Crónica de la percepción de un pueblo que le rinde tributo al campesino quindiano.

Llegó el siglo XXI que trajo consigo el auge de la tecnología y modernización de las ciudades, y por supuesto Armenia no es ajena a este desarrollo, no obstante la Ciudad Milagro aún conserva su idiosincrasia, aquella neta campesina de pura cepa que se resiste a perder su tradición cafetera pese a su evolución urbanística.

Motivado por encontrar el reflejo de una cultura campesina, cuya tradición desnuda el alma de un pueblo sencillo, tenaz, pero sobre todo gentil, empecé a recorrer durante algunas tardes la capital “cuyabra” en búsqueda de un lugar que cumpliera dichos requisitos.

Dicen que los escritores percibimos sensaciones que otros no pueden lograr sentir y aquella tarde de jueves cuando me encontraba entre las carreras 16 y 20 de la ciudad de Armenia, mi alma se transportó a mi infancia recordando las repetidas ocasiones en que solía montaren el jeep de mi abuelo al lado de bultos de papas y plátanos al son que jugaba con una volqueta roja de juguete.

En ese momento, al observar una fila de jeeps estacionados de todos los colores y a la gente subiéndose a estos vehículos tradicionales con bulos de café, plátanos, y en su mayoría, mercado; me dije a mi mismo, hallé el lugar en donde aún vive la cultura cafetera colombiana, una tradicional calle que desde hace unos 30 años se constituye como la prueba viva y fehaciente de lo que es un quindiano tradicional, aquel campesino que espera el jeep para transportarse a las veredas del departamento.

Fue allí entonces que me encontré con José Reinel Cantor, conductor de uno de los jeeps, reposando en uno de los vehículos tradicionales con su poncho negro y blanco puesto a la espera de emprender su próximo viaje a las veredas aledañas del Quindío, como si se tratase de uno de la esencia viva de un colombiano cafetero que no abandona la cultura campesina.

Pero no solo su traje tradicional de campesino me hizo confirmar la figura del quindiano de a pie, el hecho de que se haya dirigido en búsqueda de un lápiz, cuando se me acabó la mina del lapicero con el que tomaba apuntes para esta crónica y me haya tratado con una excepcional amabilidad, reconfirmaron mi teoría de que el ‘cuyabro’ campesino es aquel que evidencia el vivo retrato de una cultura cafetera que se identifica por la generosidad y sencillez, como quien dice para mostrarle al mundo como somos los colombianos en ele je cafetero.

Me contó don Reinel que lleva 30 años manejando su jeep tradicional, transportando usuarios a veredas alrededor de Armenia, Circasia, Calarcá y Salento y que muy a las 5:00 a. m se encuentra en la calle 16 y 20 para cumplir con su honroso labor de conductor y aunque parezca un trabajo rutinario lo que no sabe el propio Reinel y cientos de armenios que quizás se han transportado en su jeep es que este hombre no es solo un conductor de jeep, sino un importante representante de la memoria colectiva de un pueblo.

Gracias a Reinel y a sus compañeros y a la mayoría de población campesina que se transportan en los jeeps tradicionales, en todo el mundo nos seguirán reconociendo como Colombia, ‘el país cafetero’, el de Shakira, el ‘Pibe’; el de la cumbia y la salsa, el del ‘guaro’, el del 5-0 frente Argentina, el de Juan Valdez, el de ‘Gabo’, el de bandeja paisa y arroz con pollo en las fiestas de 15, pero sobre todo el país de los jeeps que en pleno siglo XXI conserva intacta su tradición cafetera.

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