• MIÉRCOLES,  16 JUNIO DE 2021

Columnistas  |  11 junio de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Roberto Estefan-Chehab

Colombia no sucumbe

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Roberto Estefan-Chehab

Roberto Estefan-Chehab

La actual protesta ha servido para despertar la esperanza. Parece que el ambiente se impregnó del desasosiego cuyas bases principales radican en la injusticia social, el egoísmo y la desigualdad, que deben ser corregidos para que todos vivamos con dignidad. Aquí no se trata de envidia ni molestia si unos tienen más que otros, asunto normal en cualquier sociedad, siempre y cuando lo habido se logre honestamente con trabajo y solidaridad. Bienvenidos la creatividad y el progreso: Lo esencial son los derechos que todo ser humano debe tener, garantizados, para que su vida tenga una base de igualdad: educación, salud, vivienda, trabajo, recreación, alimentación y un entorno agradable, limpio y armónico lo que incluye la buena calidad en todo lo que se haga: no se trata de migajas, ni elefantes blancos inconclusos, ni injustas preferencias, ni soluciones pasajeras. Lo primero es crear conciencia limpia, sin odio, proceso que requiere tiempo, coordinación, trabajo y confianza y, urgente, un cambio de actitud respecto a la corrupción que nos tiene postrados: no más elecciones irresponsables, no más cohonestar con mediocres, no más caciquismos negativos, perezosos y vendidos. Una sociedad civilizada y tranquila empieza erradicando mañas antípodas que transmiten un mensaje “de lo mismo”. Por fin aumenta envolventemente la sensación de colombianos que no se sienten representados por algunos personajes, muchos de ellos sindicalistas atornillados en sus roles, muy costosos y “enmerlados”, que no demuestran una disposición constructiva y generosa en su actuar: ¿Maestros incitando al odio? ¿Jóvenes padeciendo la mediocridad y ausentismo frecuente y además remunerado, por cuenta de “protección sindical”? El tiempo y la calidad en la educación no son para usarlos como un chantaje y eso debería estar, puntualmente, en la agenda de negociación: obviamente, no lo está. Numerosos jóvenes no se sienten incorporados en lo que realmente persiguen esos señores: varios educadores con vocación, muchísimos campesinos y trabajadores, infinidad de colombianos de todos los estratos no cohonestan con la manera agresiva y sinrazón con que se levantan desafiando a la mesa sendos “representantes” que vociferan un deseo de “tumbar al gobierno” amenazando con más bloqueos ( y sus nefastas consecuencias) y quien sabe que otras “sorpresas” con olor a traición sin condolerse con un proceso responsable, coherente y honesto. Convocar a “toma de ciudades”, en las actuales circunstancias de pandemia, disparada y exterminadora, es perverso y toda la razón le asiste al gremio de la salud que suplica abandonar ese actuar azuzador e irreflexivo. A quienes no han leído la reciente columna del eminente médico neurocirujano y académico Remberto Burgos De La Espriella titulada “Infames” - la encuentran en www.anmdecolombia.org.co – les recomiendo hacerlo y reflexionar. La gente no quiere violencia “pagada” y orquestada para dañar. Muchos no se atreven a manifestar, por miedo o compromisos económicos o politiqueros, su total desacuerdo con la manera inhumana que, de lejos se nota orquestada y organizada para destruir y asesinar aumentando la sensación de caos y desesperación de la gente común y corriente. Indiferentes ante tanto sufrimiento, hay sujetos sórdidos falseando la imagen nacional en el exterior, aprovechando tragedias: policías, estudiantes, ciudadanos heridos o muertos y cuya memoria sigue profanándose en pos de un barullo paralelo a la verdadera protesta: eso es maldad. Esperanzador ver a la juventud organizándose para construir futuro, empujando a que Colombia despierte del letargo; triste y servil lo que unos pocos hacen al matricularse en una agenda paralela de personas que solo saben de mañas, mentiras y montajes. Ad portas del año electoral busquemos buenos líderes pues la patria no va a sucumbir.

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