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Columnistas  |  25 septiembre de 2017  |  12:00 AM |  Escrito por: Jorge Julio Echeverri

La calle de los poetas muertos

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Jorge Julio Echeverri

Ciertamente Calarcá ama a sus poetas. Prueba de ello es que a finales del año pasado la alcaldía municipal declaró a la cuarenta y una como “LA CALLE DE LOS POETAS”. Consecuentemente ordenó la elaboración de grandes murales con retratos y versos alusivos, en color sepia, sobre las paredes de las casas ubicadas a los lados de la calzada. Asesorada por ciudadanos ilustres que de alguna manera representaban al sector cultural del municipio, la alcaldía elaboró la lista de los personajes que debían ser retratados, y determinó, además, que los elegidos serían los que habían pasado a mejor vida, puesto que se trataba de un homenaje póstumo. Cuando alguien preguntó por qué sólo se incluiría a los poetas muertos, el más notable de los asesores contestó:

¡Porque los vivos son insoportables!

La gente del común recibió con alborozo la noticia. No así Elimelé de la Vega, un poeta que escribía largas y tediosas odas que pocos leían pero nadie comentaba. De la Vega era visto como un personaje excéntrico y algo presumido, pero, poeta al fin, respetado como todos sus colegas. Hizo correr la voz de que recurriría al suicidio si era necesario, con tal que le hicieran un retrato de grandes proporciones.

Entonces el secretario de cultura le hizo llegar un oficio en el que trataba de disuadirlo de sus insólitas pretensiones, arguyendo que aún tenía muchos versos para legarle a la posteridad y que no era justo privar de su lectura a la comunidad en forma tan prematura. Remató la carta con el irrefutable argumento de que no quedaba “ni una sola pared disponible para su eventual retrato”.

Pero en Calarcá también ha sido proverbial el altruismo y generosidad de sus gentes. En menos de tres días, el Club de Leones, los Rotarios, las Damas rosadas, los ciudadanos más pudientes y hasta la “Sociedad de escritores y poetas quindianos”, depositaron en la urna instalada para el efecto en “EL CAFÉ DE CARLOS” una cuantiosa suma de dinero que se destinaría para construir la pared que hacía falta para la efigie del poeta Elimelé de La Vega.

Desde entonces, el poeta desapareció misteriosamente de la Bella villa y su nombre y sus versos fueron borrados para siempre de los anales de la municipalidad.

Sin embargo, la pared se construyó según lo planeado y sobre un fondo gris se dibujó un anónimo perfil negro en honor a los poetas desaparecidos. En la parte inferior se escribieron los nombres de todos los benefactores.

También se dibujó la bandera.

 

 

 

 

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