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Columnistas  |  23 julio de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Aldemar Giraldo

Un golpe mortal a la historia colombiana

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Aldemar Giraldo

Aldemar Giraldo Hoyos

Anteayer hubo manifestaciones de protesta en Colombia; en la mayoría de las veces, pacíficas, sin embargo, la violencia y los desmanes volvieron a aparecer: daño a bienes privados y destrucción de monumentos. Un dolor inmenso recorrió todo mi cuerpo al ver como unos pocos manifestantes destruyeron la escultura conmemorativa de Santander, ubicada al principio de la avenida que lleva su nombre en la ciudad de Manizales; no contentos con tumbar la escultura del pedestal, le dieron patadas, mientras vociferaban expresiones de alto calibre.

Parece que algunos sujetos no conocen ni se apropian del pasado; han perdido la capacidad de recordar y tener presente la historia o los antecedentes de las comunidades en relación con su entorno; ser colombiano o de otra parte es conocer, de cierta manera, algo de su acontecer y su reminiscencia. En alguna parte del país destruyeron la escultura de Nariño, un hombre de carne y hueso que luchó por nosotros, sin necesitarlo; su entrega y su permanencia en la cárcel dan fe de lo dicho; fue un precursor y de estos hay muy pocos en el mundo.

Ahora le tocó a Santander, uno de los padres fundadores de la patria y uno de los personajes más ilustres de la historia colombiana; desafortunadamente, como entre todos los políticos, “se tejió una leyenda negra sobre su figura, alimentada por los seguidores de Simón Bolívar” (Moreno:2019). ¿Será que algunos se quedaron en los chismes y anécdotas superficiales que han permeado la historia y no dieron un paso adelante para conocer y reconocer los aconteceres que dieron pie a tan desfavorables comentarios? Me inclino a creer que quienes destruyen un monumento de esta naturaleza sólo buscan protagonismo y estimular en los acompañantes esa furia colectiva que siembra miedo y terror.

Estoy casi seguro de que ignoran la carrera política y militar, como también, el valor que demostró en las batallas que participó, siempre en la búsqueda de la independencia que se conmemoró en esa fecha aciaga en que se destruyó su escultura; imposible que quien tumbe su estatua sepa algo sobre su talante y personalidad, como también, de su gestión en procura de una educación pública de calidad, al igual que de su férrea defensa de los valores democráticos. No es gratuito el calificativo de Hombre de las Leyes, pues luchó por el establecimiento del imperio de la ley para frenar el despotismo o el capricho del gobernante de turno; los déspotas y los dictadores siempre se han chocado con su legado. Con o sin esculturas en su nombre, Colombia lo recordará como uno de sus mejores y valiosos hijos; puede decirse, sin temor, que Santander participó en la emancipación de las colonias americanas y fue forjador de la República.

Su memoria no merece un trato tan grotesco; sólo agradecimientos y reconocimientos para quien forjó caminos y señaló el futuro. Como decía mi abuela: “Yo creo en un mundo mejor”.

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