• DOMINGO,  25 JULIO DE 2021

Columnistas  |  22 julio de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: María Nelly Vanegas Agudelo

ADOLESCENCIA: REVOLUCIÓN O TRANSFORMACIÓN

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María Nelly Vanegas Agudelo

María Nelly Vanegas Agudelo

La adolescencia origina bastante controversia hasta en su significado. Para algunos, adolescencia viene de adolecer que significa carecer.

En el latín, adolescens, adolescentis, significa: que está creciendo. El participio pasado de adolescere es adultum, que ya está crecido

Como se aprecia, el mismo origen de la palabra genera algo de confusión semejante a la que causa este período de la vida, tanto para quien la vive, como para los adultos que la deben orientar.

Françoise Dolto, la describió así: "La adolescencia es un movimiento pleno de fuerza, de promesas de vida, de expansión. Esta fuerza es la energía de la transformación.

El adolescente, debido a esas trasformaciones fruto de su crecimiento y desarrollo presenta inestabilidades que en parte tienen que ver con posturas filosóficas, que los lleva a actitudes reivindicatorias con tendencias anti o asociales de diversa intensidad.

Igualmente, presentan contradicciones sucesivas en sus manifestaciones comportamentales dominadas por la acción.

El individuo en esta etapa, recurre como comportamiento defensivo a la búsqueda de uniformidad que le brinda seguridad.

El espíritu de grupo los lleva a sentirse y comportarse como uno solo, es decir, individuo y grupo se funden. Sus actuaciones representan la oposición a las figuras de autoridad.

Las sociedades, en sus diferentes modelos socioeconómicos imponen restricciones a la vida del adolescente y no le brindan las adecuadas posibilidades para su pleno desarrollo, así como, la garantía para hacer el pasaje a la vida adulta integrándose con todas las garantías a la vida social.

En el adolescente, el deseo de transformación busca modificar las estructuras sociales existentes, tornándose en revolucionarios, por la necesidad de cambio que se presenta como un sentimiento místico. Ellos son los llamados a promover el cambio.

En ellos, no hay razonamiento hay un sentimiento de omnipotencia frente al mundo adulto, que para ellos es incomprensible, pues muestra una economía que genera grandes y profundas desigualdades lo que cierra las posibilidades de empleo y desarrollo.

La ONU, reconoce que los jóvenes son determinantes en el cambio social, así como en el desarrollo económico y el progreso técnico. Su comportamiento grupal tiene importantes efectos sobre la cultura de las sociedades y la transformación de valores y costumbres.

Los movimientos de protesta, marchas y aún, de destrucción y caos, son conformados por jóvenes. El fenómeno, parece ser universal y recorre las diferentes épocas de la historia.

A finales de la década de 1950 Cuba, se debatía entre: ser una de las naciones con mayor crecimiento en la región y tener a sus clases más pobres, hundidas en la peor de las miserias; jóvenes rebeldes, pensaron que la revolución sería la solución a sus problemas, soñaron y se hicieron matar por unos ideales que les vendió una ideología: cantos de sirena.

Hoy 60 años después los jóvenes salen a protestar, pues la Isla atraviesa una profunda crisis económica que impacta la vida social y política. A ello se suma el agotamiento de la situación sanitaria por la ola de contagio del COVID. El sueño revolucionario con el paso de los años, se fue desvaneciendo hasta mostrar una cruda realidad de mayor pobreza.

En Colombia, la pandemia da salida al descontento de una generación que ve con desesperanza su futuro, pero a diferencia de Cuba que hoy busca su libertad; en el país las nuevas generaciones van siguiendo cantos de sirena, ávidos de aventuras, sin recordar que la Odisea, nos cuenta que muchos marineros perecieron en las aguas con tal de escuchar sus seductores cantos.

Es decir, sistemas capitalistas y comunistas adolecen de parecidas situaciones; un mal manejo de los recursos económicos del país; un arrodillarse a grandes potencias sometiendo su libertad al yugo de lo que imponen los imperios y una corrupción que lleva a la frustración y choca contra los sueños de los jóvenes.

El mundo adulto, no muestra soluciones ni es capaz de adaptarse a las nuevas necesidades de los jóvenes, tampoco tiene propuestas a sus inquietudes; se encerraron en sí mismos, en sus ambiciones y en su afán de posesiones sin ver el peligro que se cierne sobre el país, que requiere lideres honestos, propositivos, que sepan conducir con firmeza y honestidad la nave de la nación sobre aguas turbulentas, que no legislen ni gobiernen de acuerdo a intereses de clases, sino a las necesidades de la nación.

Kafka, sostenía que las sirenas olvidaron su canto a la vista de los ojos de Uli­ses, lo que significaba que la felicidad en el rostro de héroe, era más bella que su propio canto. Así las seductoras, fueron seducidas.

Para que los jóvenes, no se dejen seducir por cantos de sirena, hay que sintonizarse con ellos y responder a sus necesidades, abriendo con ellos caminos, que les muestre y les ayude a ingresar de manera segura en el mundo social, mientras van madurando, oyéndolos y negociando; como lo hicieron sus padres durante esta etapa, para encausar adecuada y productivamente su rebeldía.

Su fuerza transformadora debe ser tenida en cuenta, para construir lo que a futuro les va a posibilitar ingresar sin mayor traumatismo en la vida social y productiva, porque esta fue diseñada para acogerlos y brindar satisfacción a sus necesidades, pero a su vez, ellos contribuirán al progreso de la patria.

Visto lo anterior es imperativo crear desde la sociedad, los mecanismos y vías necesarias que les avale la posibilidad de una vida plena y feliz,, garantizando para ellos los derechos elementales, construyendo en el día a día una sociedad justa, equitativa e inclusiva, entendiendo cuan importantes son los jóvenes, para la continuidad y el progreso del país.

Que ellos sientan que son también responsables de su desarrollo, que pueden aportar porque se sienten comprometidos con la sociedad

Como en Josefina la cantora del mismo autor “sólo el pueblo puede decidir con su silencio qué chillido es reconocido como canto”.

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