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Columnistas  |  23 julio de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Roberto Estefan-Chehab

Semántica o realidad

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Roberto Estefan-Chehab

Roberto Estefan Chehab

Porque las cosas deben llamarse por su nombre es necesario tener criterio ante los intentos de seducción: los mensajes que, a partir de un “Cliché”, pretenden convertirse en filosofía, construyendo hábilmente prototipos inmersos en maniobras publicitarias de esas que aturden u obnubilan generando respuestas automáticas en los individuos. Desde Ahí, ya hay maledicencia. Por ejemplo: “Colombia humana”: Pocos se atreven a decir duro lo que realmente perciben, so riesgo de ser tildados de antidemócratas y entonces sin mayor reticencia se va aceptando en el “paisaje” de nuestros “todos los días” ese bonito nombre que además va ligado al rostro de un personaje, que, en mi opinión, le ha hecho mucho, muchísimo daño al país: al parecer, ¿será?, ha orquestado inhumanas expresiones de odio aprovechando la respuesta de personas que prefieren no pensar, quizás porque ya no creen en nada y en su alma ha hecho carrera una dolorosa desesperanza. Esa “Colombia humana”, con semillas de odio alimentado desde el dolor, no puede ser humana, ni merece llevar el nombre de nuestra patria. Es una patraña promocional, como la de cualquier jabón o champú y simplemente aspira manipular a gentes cansadas, que muchas veces se han vendido por un tamal o un bulto de cemento, cómo para “sacarle, aunque sea, algo a esos políticos mentirosos”: ¿y entonces eso de “Colombia humana” ¿es un nuevo empaque del tamal de siempre? No quieren represión y resulta que eso es lo que se les ofrece, no quieren hambre y eso es lo que se les ofrece, no quieren totalitarismo y eso es lo que se les ofrece. O sea, cambiar para hundirse aún más en el atraso, el fracaso y la desolación. “Los comunes”, otra forma publicitaria que implica un mensaje tramposamente incluyente, pues en nuestra patria la mayoría somos los comunes sin que ello signifique que pertenecemos al movimiento “Los comunes”: igual que el caso anterior, una forma de manosear la esperanza sin que muchos capten su verdadero significado: esos comunes significan comunismo y, al parecer, ahí tampoco se percibe la buena fe pues van hacia lo mismo: totalitarismo, odio, destrucción y opresión que no ofrece ningún cambio dirigido hacia un mejor vivir: destruir empresas, acabar con los mal llamados “ricos” pues en nuestro país cualquiera que progrese mínimamente ya es tildado de “rico”. No caigamos en sofismas que no aguantan contradicción: todos los líderes comunistas son los verdaderamente ricos, Fidel Castro, Maduro, Chávez, Ortega por no ir muy lejos, con fortunas incalculables, sentados sobre un pueblo humillado, y ninguno llegó a su “dictadura” siendo acaudalado: entonces robar y destruir, dominar y constreñir ha sido su verdadera profesión ¿y cómo están “sus” pueblos? ¿Y girar hacia eso, es un buen cambio? no me corresponde contárselo a nadie que tenga una mínima capacidad de observación y análisis. Es más coherente el Liberalismo, Conservadores, Centro o moderados: claro, depurando, expulsando, vetando a viciados que solo persiguen sus propios lucros; Lográndolo cabemos todos, sin “comerle cuento” a ideólogos que han demostrado no ser, en ninguna parte, la solución de nada y solo aguantan a través de la brutalidad represiva inhumana; Entonces ¿qué hay que hacer?, pues sin duda alguna y masivamente, erradicar la corrupción y el analfabetismo, la mentira y el egoísmo: no asesinos, no ladrones, no mentirosos, no promotores de violencia y destrucción, no narcos. Los extremos no acaban eso: seamos coherentes con una propuesta que permita construir una Colombia autentica, amorosa, incluyente, donde trabajar y soñar en libertad sea algo sagrado e innegociable. ¿Queremos cambio? Entonces hagámoslo real, defendiendo nuestra democracia y empezando por dejar de ser parte de la corrupción al elegir corruptos, violentos y falsos profetas.

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