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Columnistas  |  25 julio de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Jimena Marín

La eutanasia: más que el derecho a morir dignamente

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Jimena Marín

Por Jimena Marín Téllez

¿Qué es la vida sin libertad? ¿Hasta dónde puede el gobierno decidir sobre nuestras vidas?

Estas son preguntas que todos nos hemos hecho en este último año y medio de pandemia. Aunque son interrogantes que la humanidad se hace con frecuencia desde la revolución francesa, lo cierto es que las cuarentenas obligatorias nos pusieron a debatir cuál debe ser el papel del Estado, más que nunca.

La injerencia del Estado depende del país, siendo extrema en países como Cuba o Rusia o en los Estados de bienestar, y mínima en países como Estados Unidos (aunque esto es debatible recientemente), donde prima el minimalismo estatal.

En muchos de estos debates se entremezclan los valores éticos y los valores religiosos, especialmente en países donde la religión y el moralismo juegan un gran papel histórico.

Ese es el caso de la prohibición del aborto, donde se le impide a las mujeres tener libertad en sus decisiones y sobre su cuerpo por concepciones religiosas y éticas.

Es también el caso de la eutanasia.

Aunque el tema del aborto está un tanto más avanzando pues ha tenido grandes y múltiples próceres de la causa, la discusión sobre el derecho a morir también debería darse en los países, por cuanto es una limitación a la libre determinación de la personalidad y a la libertad de escogencia.

Hasta la fecha, en Colombia solo se podía acceder a este derecho en casos de enfermedades terminales y sujeto a que no se emitiera objeción de conciencia por parte del médico responsable.

Ahora, el día de ayer, la Corte Constitucional emitió un fallo de avanzada, que permite que se practique la eutanasia no solo cuando hay una enfermedad terminal, sino también cuando “el paciente padezca un intenso sufrimiento físico o psíquico, proveniente de lesión corporal o enfermedad grave e incurable.”

Esto es probablemente uno de los fallos más novedosos en esta materia, incluso a nivel mundial. En la mayoría de los países en donde permiten la muerte asistida, solo se permite para enfermedades terminales.

Mejor aún, no habla solo del sufrimiento físico, sino también del psíquico. Esto quiere decir que, por ejemplo, una persona que tenga una enfermedad mental incurable o grave podría solicitar la eutanasia.

Aunque esta permisión es lo correcto desde el punto de vista de la libertad de las personas a decidir sobre sí mismas, se podrían presentar situaciones controversiales. Por ejemplo, una persona que padece una depresión, que podría querer tener un suicidio asistido.

A pesar de aquellos posibles casos puntuales controversiales, esta sentencia de la corte se vislumbra, sin duda, como una de las decisiones más importantes en materia de libertad de los individuos en la última década (la más reciente fue la sentencia del aborto, en 2006).

No obstante, el camino es largo. Aunque probablemente nuestra madurez mental como sociedad no esté en ese punto, tenemos que llegar al momento en el cual se permita el suicidio asistido para toda persona que lo desee o lo requiera, sin distinción de enfermedades. Esto es, sin duda, lo correcto desde la perspectiva de los derechos de las personas y, en especial, del derecho a la libertad y a la no injerencia estatal en los asuntos privados de la vida.

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