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Cultura  |  14 enero de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

Crónica: Agosto de 1.950

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Escrita por Uriel Quiroz Caro

Esta foto fue tomada con una cámara Kodak en un predio rural situado en el caserío de Córdoba, jurisdicción del municipio de Calarcá, que por estos tiempos respiraba un ambiente de tranquilidad. Quien aparece sobre el caballo, una de mis mascotas llamada Diablo, soy yo a mis cuatro años y medio y el que aparece detrás del animal era un trabajador de la finca.

En seguida y de izquierda a derecha, se encuentra mi padre, Julio Antonio Quiroz Gaona, con mi hermanito menor, Ceined, de dos años y medio. Mi papá era oriundo de San Gil, Santander y mi madre Ana Soledad Caro Murcia, del departamento de Boyacá, de un sitio cercano a Chiquinquirá, es quien aparece al lado de mi hermana mayor Julia Cecilia, para la época con siete años.

Pues bien, hoy las cosas han cambiado; por ejemplo el niño que tiene mi padre en sus brazos, hoy es médico, mi hermana es ciudadana norteamericana y unos meses después, mi madre que en el momento de la foto se encontraba en estado de gestación, dio a luz en ese diciembre a otra niña, que se sumaría a un total de seis hermanos. Por otro lado Stalin, el perro lobo que aparece echado a los pies, hace ya muchos años que nos abandonó.

No mucho tiempo después de plasmarse esta imagen, mis padres dejarían de administrar fincas para establecerse en el casco urbano de Córdoba donde fundan el “Hotel Colombia”, que aún hoy existe con otros propietarios. En lo que a mí se refiere, esta es mi primera foto de niño, con los gratos recuerdos de parte de mi familia y mis dos mascotas, con los cuales a mis siete años, habríamos de vivir la violencia sectaria de los años cincuenta.

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