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Columnistas  |  14 enero de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: James Padilla Motoa

LA AFRENTA DE LA DIMAYOR A LOS PERIODISTAS DEPORTIVOS

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James Padilla Motoa

Por James Padilla Mottoa

Aunque es algo que esperaba porque todos los signos daban para que pasara, el comunicado de Dimayor sobre condiciones para la acreditación de los periodistas y su ingreso a los estadios, me ha producido una decepción terrible.

Y, aclaro, no por lo que personalmente pueda afectarme, sino por lo que ello significa como afrenta para el periodismo deportivo.

Acreditaciones solamente por partido y presentación de contrato de trabajo con un medio de comunicación, es algo que entraña un desconocimiento absoluto de lo que han representado los periodistas colombianos en la construcción de ese gran edificio que se llama deporte y muy particularmente del fútbol profesional.

Ya, desde hace algunos años, la jerarca del fútbol rentado había desconocido el carné de Acord, algo que para el periodista deportivo constituía su gran orgullo e identificación como tal. Con esa determinación le retiró a nuestra agremiación la potestad natural de reconocer la condición de periodista a quien previamente presentaba certificaciones y documentos que lo acreditaban como profesional en su ejercicio. Pasó y no hubo reacciones importantes. Como consecuencia, se dejó en manos de cada equipo la posibilidad de determinar a quienes se le reconocían las condiciones como periodistas y a quienes no, decisión muchas veces en cabeza de quienes ni siquiera podían acreditar una trayectoria que les asegurase un mediano conocimiento del medio.

Ahora esto, que no es más que la consolidación de una política que busca eliminar paulatinamente la presencia en los estadios de los periodistas de radio o de aquellos que no hacen parte de lo que ellos llaman medios licenciatarios.

Como periodista viejo fui testigo durante muchos años de la permanente publicidad gratuita que le aportaron la radio y la prensa a un espectáculo caro y de calidad muy regular.

Y es esta la respuesta que hoy nos dan los dueños intocables del fútbol profesional. Los veteranos servidores de la causa del periodismo deportivo, por disposición de los dirigentes que se agrupan en el ente que maneja el fútbol, son excluidos de todo reconocimiento y prácticamente alejados de los estadios que fueron durante muchísimo tiempo su hábitat natural.

A propósito de estas determinaciones, me han conmovido los gestos de queridísimos amigos y colegas quienes me han ofrecido los medios que dirigen para respaldar mi solicitud de acreditación. Mi amor por el Quindío me empuja a aceptar tan generosos ofrecimientos, pero mi orgullo profesional me dice que es mejor que me quede en casa.

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