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Cultura  |  10 abril de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

Recuerdos de infancia, de las bacinillas o "panosas"

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Por Roberto Restrepo Ramírez

Por Roberto Restrepo Ramírez

Panosa ("pa no salir de noche") es un nombre más del adminículo (lo que sirve para conseguir algo) que estuvo ligado a nuestras eternas noches antiguas, en las también antiguas casas de bahareque. Nací y crecí en una de esas descomunales viviendas de Filandia. Y cuando mis padres emigraron a Santa Rosa de Cabal ocupamos otra tan inmensa, lo que me permite elucubrar sobre las aventuras y pilatunas en sus corredores, los juegos en el solar y hasta en el zarzo. Y, sobre todo, contar las experiencias de orines, berrinche y de afugias en esos cuartitos que las bisabuelas llamaban los "escusados".

Eternas noches que pasábamos en las habitaciones (o piezas) donde dormíamos, siempre en dúo, es decir, dos en cada cama. Eternas noches, porque no podíamos salir hasta el fondo del corredor - y mucho menos al patio en algunas casas - donde estaba el sanitario. Aunque confieso que la mayor razón de mi temor - en los recuerdos lejanos de la niñez - era el de toparme con los fantasmas y duendes de la noche. Ellos, como los espíritus maléficos del día, habitaban también esos caserones. Los del día permanecían dentro de algunos cuartos que no tenían ventana hacia la calle o el patio. Y esos "seres “se juntaban con los de la noche para asustarnos. El mayor miedo era pasar frente a las puertas cerradas, y nunca habitadas, de las piezas donde estaba el "coco", aquel ente con el que nuestras madrecitas nos controlaban, porque decían que ellos nos llevarían si nos portábamos mal.

De acuerdo con la vivencia de mis miedos, crecí con la sensación que una de las razones que justificaba la existencia de la panosa, era la de no tener que pasar frente a las puertas cerradas de esas piezas temerosas donde vivía el coco. Y que por eso se inventó ese "vaso de noche", también conocido como cantora, bacinilla, mica y beque, nombre éste dado al recipiente de madera de higuerón o yarumo, elaborado por los campesinos o familias humildes. O "María Jesús “como - nos cuenta el historiador John Jaramillo Ramírez - se nombraba con vergüenza a la bacinilla de esmalte fino. Así lo relata este autor en una obra escrita muy agradable, página 155, que releo con frecuencia y donde se refiere al pasado de Armenia (1).

No había más remedio que acudir a la utilización de la panosa en el transcurso de esas noches largas. Porque también los "inodoros" de aquellas centenarias casas estaban situados al fondo del corredor, en el sótano de tierra o hasta en el patio de las casas campesinas. A propósito, al lado estaba el lavadero y allí reposaban todo el día las micas, que se habían vaciado en la mañana y luego eran lavadas. Hasta que llegaba la noche y eran llevadas de nuevo a los cuartos para ser colocadas debajo de las camas. Hoy veo con especial detalle que mi padre, en la década de los cuarenta, le había encargado los muebles de la casa al ebanista más famoso de Filandia, don Arcadio Arias. Y que algunos encargos fueron nocheros, donde se guardaban esos singulares recipientes.

Además de la deliciosa crónica de John Jaramillo Ramírez, he encontrado un par de escritos más sobre la infaltable bacinilla, relatados por quindianos.

Alfonso Valencia Zapata, en la primera edición de su obra, cuenta la anécdota más comentada de la esposa de Jesús María Ocampo, el fundador de Armenia, en la página 104:

"...Doña Arsenia Cardona viuda de Ocampo fue en un tiempo la más leal compañera de "Tigrero”. Cierta vez Ocampo viajó a la capital del país y de allí le trajo como regalo a doña Arsenia dos elegantes vasos de noche. Cuando recibió el presente de su marido se encontraba en casa en compañía de algunas amigas. Ante la belleza del regalo que venía a reemplazar los antiguos vasos de palo, la fundadora no aceptó que tan bello esmalte sirviera para menesteres comunes y le dijo a "Tigrero":

- Yo los guardaré, pero para ordeñar en ellos, tan bellos es imposible..."(2).

En tanto que el otro escritor costumbrista de Armenia, Saúl Parra Robledo, nos cuenta esto en su libro sencillo, páginas 50 y 51:

"... Antonio El Mocho Jaramillo fue a un almacén y compró una bacinilla, la trajo al café Destapado y sin que nadie se diera cuenta entró a la cantina, le echó tres cervezas y varias génovas, se sentó junto a una mesa y empezó a tomar de la bacinilla y a morderlas. Un curioso le preguntó a otro, ¿qué le pasa al mocho? Y el otro le contestó:  - Ahora que lo vemos comiendo de eso sí nos convenció que está loco"(3).

Añorando ese recipiente de mi infancia, niñez y adolescencia, me sorprende encontrar la bacinilla en otros usos y escenarios. En el montaje de un museo. Como lo dice Jaramillo Ramírez, en el trasteo del yipao o el desfile de la Familia Castañeda. O el más singular, en el destino de ella cuando se oxida, se rompe su base y no aguanta más remiendos. Pues termina como matera en el patio y en el corredor.

(1). Jaramillo Ramírez, John. "Pieza del reblujo". Alcaldía de Armenia.2006.

(2) Valencia Zapata, Alfonso. "Quindio Histórico".Primera Edición.Armenia.1955.

(3) Parra Robledo, Saúl. "Armenia en sus primeros años". Ediciones Gota de Agua.Armenia.2006

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