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Política  |  05 junio de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

Un presidente para la sostenibilidad alimentaria

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Jaime Alberto Rendón Acevedo

Director Centro de Estudios e Investigaciones Rurales (CEIR),

Universidad de La Salle

En Colombia el 26.7% de los hogares consume hasta dos comidas al día, de acuerdo con la encuesta de abril del Pulso Social del Dane. Antes de los confinamientos ese porcentaje era del 7.5%. En el último año la inflación de alimentos es del 26.17%. El hambre aumenta, recorre el país y las perspectivas en medio de las crisis internacionales, los altos precios de los hidrocarburos, las dificultades en las ofertas de agroinsumos y la volatilidad del dólar, no pueden ser otras que de terror. Esto no está bien, y lo peor aún es que el gobierno actual ya está de salida y el entrante, aún no está claro quién será.

Una revisión rápida de los programas de gobierno de los dos candidatos que se disputan en segunda vuelta la presidencia muestra un panorama variopinto. El ingeniero Rodolfo Hernández menciona la palabra alimentos en 9 veces, la seguridad alimentaria en 2 veces (la sola palabra alimentaria se menciona 4 veces y 3 son referencias de textos) y la soberanía alimentaria ni se menciona. El economista Gustavo Petro tiene en su programa 11 menciones a la palabra alimentos, 11 llamados a la palabra alimentaria, 1 a la seguridad alimentaria y 12 a la soberanía alimentaria. Ninguno de los candidatos tiene en su programa la idea de sostenibilidad alimentaria. Hay que recalcar que en las entrevistas se refieren a la seguridad alimentaria y no hacen distingo alguno de las diferencias entre las expresiones y sus conceptos.

De otro lado, los dos candidatos proponen revisar los TLC, y con ellos las políticas comerciales de importación de alimentos. Los dos hablan de transición energética, pero la entienden desde parámetros diferentes: Petro es contundente con transitar hacia energías limpias, sin tener clara la implicación de una transición en términos de unos pocos años; y Hernández ya reconoció públicamente que, aunque su plan dice que no al fracking, el plantea que sí, pero con piloto, y que por eso lo regañan los asesores (“Re locos, papi, re locos”).

Esbozan el cuidado del medio ambiente, de la naturaleza, el control a la deforestación, pero ninguno tiene una dimensión exacta de las implicaciones productivas y fiscales de esto. Terminan siendo saludos a la bandera. Y en materia social sí que se diferencian, mientras Petro propone un Estado fuerte con políticas sociales que apalanquen el bienestar de la población, la protección a campesinos y en particular a la mujeres; Hernández quiere políticas sociales para solventar el hambre pero con un Estado mínimo, la idea que siempre ha caracterizado al neoliberalismo: un Estado suficiente, no derrochón, con austeridad, eficiente y eficaz, una idea que siempre cala en la población, a la que siempre en todas las campañas presidenciales se les promete y que esperan ver cómo se optimizan los recursos y se elimina la corrupción.

Adicionalmente, los dos candidatos plantean fortalecer la producción agropecuaria y a la ruralidad. Por la naturaleza de los programas, el de Hernández se basa en criterios bastante gruesos, plantea créditos, rescate de vocaciones productivas en los territorios, programas de empleo, clúster y asociatividad, la producción nacional de insumos, los mercados campesinos y la titulación de tierras. Petro hace énfasis, además, en la reforma Rural Integral, en los acuerdos de La Habana, en los municipios PDET, en la jurisdicción agraria, en el reconocimiento a los campesinos como sujetos culturales y políticos, en fortalecer los circuitos cortos, en el tránsito hacia la agroecología.

En definitiva, frente a la alimentación los dos candidatos coinciden en fortalecer el campo y la ruralidad. En prevalecer la producción nacional sobre las importaciones. En generar ofertas exportables. En propiciar una mayor equidad y justicia social. En el cuidado con la naturaleza y en la necesaria redefinición de la matriz energética. Pero Hernández se propone hacerlos desde los criterios que siempre han caracterizado el actual modelo de desarrollo, con el aporte que lo hará sin corrupción y despilfarro, como promesa, eslogan y propósito fuerte de su campaña. Petro se propone hacerlo cambiando algunos elementos singulares del modelo de desarrollo, empezando por el fortalecimiento a la institucionalidad, al Estado y su incidencia en la cadena de valor, confrontando los usos improductivos de la tierra a través de impuestos y promoviendo modos de producción y usos energéticos alternativos.

Dos modelos se disputan, pero que a su manera intentan, sin decirlo, garantizar o mejor proponer una sostenibilidad alimentaria para el país. La propuesta de Hernández poco supera lo que hace actualmente el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. Tal vez su política comercial es un poco más dinámica, pero nada más. Petro va más allá apoyado en los elementos que desde distintas instancias se le han propuesto al país rural, y esto lo lleva a poder concretar o especificar aún más su programa. El divagar entre seguridad y soberanía, y no ser capaz de integrar a esto equidad, cuidado de la naturaleza y eficiencia energética, les impide ver la sostenibilidad.

Siguen percibiendo al campo allá, como otro lugar en el que hay que hacer algo, eso es importante pero no suficiente. Se les olvida integrarlo al país, a lo urbano, a construir territorios, a trabajar en hacerlos inteligentes y sostenibles, en integrarlos a los circuitos económicos del país, es decir en hacerlos funcionales. Es necesario insistir que sin alimentos no será viable el país, que les tocará enfrentar una nueva crisis social y política, la crisis de los alimentos, del hambre, una crisis que les marcará su período de gobierno, probablemente sellando una época triste para Colombia (y para el mundo). No tener claridad frente a esto es el paso inicial a un camino truncado para el futuro de Colombia.

Una agenda de sostenibilidad alimentaria tendría que ser un propósito desde las campañas presidenciales, para construir esos pactos de nación que tanto se requieren, un pacto de la ciudad con el campo, un pacto para cerrar brechas, una construcción social con todos los actores posibles, para resignificar la ruralidad, para hacer realidad aquello de Colombia una despensa mundial de alimentos.

TOMADO DE REVISTA SUR

https://www.sur.org.co/un-presidente-para-la-sostenibilidad-alimentaria/

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