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Columnistas  |  15 agosto de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Iván Restrepo R.

La caligrafía, una pasión

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Iván Restrepo R.

Este pasado miércoles 10 de agosto me enteré que el mundo celebraba el día mundial de la caligrafía. No lo sabía, es la primera vez que me entero qué dentro del calendario de celebraciones, la caligrafía tiene protagonismo a pesar de no ser tantos los que sentimos pasión por este arte casi que extinguido. Durante el día incluso comencé a recibir mensajes de felicitaciones de amigos que alguna vez han tenido la ocasión de tener contacto con mi escritura.

Mi pasión por este milenario arte data de la adolescencia, por allá en los pupitres del colegio Robledo en mi Calarcá de otrora. En esa época todavía no conocía de plumas recortadas, encabadores, estilos de letras como Copperplate, Gótica, Itálica, por mencionar solamente unos de los miles que hay. He llegado a la conclusión que cada uno de nosotros desarrolla un tipo de letra único, al punto tal que no es difícil distinguirlo de los demás. Esto mismo pasa con Las huellas digitales y últimamente los códigos QR; cada uno es único.

Con frecuencia, suelo revivir de mi baúl de recuerdos el día que, estando en San Juan de Puerto Rico en un seminario de Hotelería, iba de compras por el Mall De Las Américas cuando tuve mi primer encuentro con un kit de plumas recortadas marca Sheaffer; cuando vi lo que se podía hacer con estas cuatro plumas no dudé un solo momento en adquirir el set completo. Una vez en el hotel me instalé en el escritorio de la habitación, con toda la atención que suele uno poner cuando está ante algo tan ansiado, y comencé a tirar mis primeras rayas. Fue tal mi grado de emoción que no paré de llenar planas en los tres cuadernos blancos para practicar, no fue hasta bien entrada la madrugada que dejé de escribir, con los dedos “engarrotados” a causa del esfuerzo de tantas horas de práctica. A partir de este momento me autobauticé:  

Calígrafo.

Después de este día, mi mundo cambió, regresé a casa, para ese tiempo en ciudad de Panamá, al encuentro con mi Connie, esposa de toda la vida, y mi recién nacido primogénito Nicolás, cuyo nombre escribí durante el vuelo de regreso en hojas, en más de mil formas.

Desde esos días comencé a enviar mensajes de bienvenida hechos a mano, con mi letra cursiva, a los huéspedes que llegaban al Panamá Hilton, el grado de satisfacción de ellos al ver su nombre y el mensaje era altamente agradecido.

En tantos hoteles en donde he trabajado hasta ahora, soy el indicado para marcar menús tarjetas de bienvenida, diplomas, identificadores de asiento, etc etc. Cierto día en Isla Margarita (Venezuela), terminé sentado sábado y domingo marcando 200 diplomas de los asistentes a un congreso mundial de algo que ni recuerdo. Un trabajo de estos requiere de alta concentración, muy buena luz y un ambiente de relajación total. Para mí las Cuatro Estaciones de Vivaldi recrean un ambiente ideal.

Cierto día estaba en Caracas visitando clientes del Hotel Margarita Hilton y me recibió el gerente de una multinacional, quien, al saber que era yo el visitante, me recibió con una deferencia total y al calor de la conversación sacó de su escritorio cuatro tarjetas que identifique de inmediato: Eran las que yo le había enviado en sus pasadas visitas al hotel. Cabe recordar que era la época en donde el uso del computador no estaba tan masificado como hoy y que ha sido uno de los argumentos de las nuevas generaciones para dejar de escribir letra cursiva.

Por lo que a mi compete, he sabido combinar la Caligrafía con el internet, los Smartphones y las tabletas, al punto tal que muchos de mis mensajes vía WhatsApp los escribo en letra cursiva. Les tomo foto y envío; sorpresa grande para el receptor del mensaje.

En la época en que se acostumbraba el uso de cheques bancarios, adopté la costumbre de hacerlos con la mejor caligrafía que pudiera salir de mis dedos, esto causaba tremenda sorpresa entre los receptores del cheque al ver el estilo de la letra; confieso: Mi intención detrás de esta costumbre siempre fue que el receptor del cheque, al ver la hermosura del mismo, se olvidara de cobrarlo para guardarlo como pieza de recuerdo, con tan triste sorpresa que  hasta la fecha, ha podido más la plata que el arte. Al momento llevo más de 25 años de no escribir un solo cheque, no por esta razón, es porque los cheques en blanco cuestan un dineral.

Los invito a ver mi trabajo a través de www.elquindiano.com  y a seguir mi Instagram: CALIGRATURAS Iván Restrepo, en donde alojo mis “Caligraturas”, término este acuñado por mi que nos es más que la unión de la Caligrafía y la Caricatura.

Colofón: el 2023 no me va coger de sorpresa; ya agendé la fecha del segundo miércoles de agosto para no dejar pasar esta fecha memorable, por lo menos para mí.

Hasta la próxima,

[email protected]

 

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