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Columnistas  |  22 septiembre de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: ÁLVARO AYALA TAMAYO

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ÁLVARO AYALA TAMAYO

Álvaro Ayala Tamayo

Las descomunales tarifas de energía en la costa y todo el país, pueden causarle un cortocircuito al actual gobierno.  Los acuerdos de la semana pasada para sofocar los precios son de buena voluntad, pero no tienen garantías suficientes.      Además, el precio de la Luz y todos los servicios públicos son abusivos en todo el país. No es solo un problema de la región caribe.                   

Elevar el precio de los combustibles equivale a apagar el fuego con gasolina. Colombia produce gas, gasolina y energía eléctrica, suficientes para consumo interno. No dependemos de nadie, incluso exportamos. Eso quiere decir que: el pueblo merece tarifas “humanas”, término acuñado por el presidente Petro, para demostrar su compromiso social. El odómetro está marcando la mitad del tanque de combustible. Está en manos de la ministra Irene, decir si está medio lleno o medio vacío.                                 

Ahora sigue el turno para las ministras de trabajo y salud con las reformas que tienen en sus agendas para debutar en el Congreso. En términos beisboleros, se esperan lanzamientos rectos de 4 costuras, ojalá no tiren con curva. Si algo sale mal pasaremos trabajos y la ciudadanía puede ingresar al pabellón de los quemados.  Pero, también el gobierno puede quedar convaleciente y sin oxígeno para recorrer el camino que apenas comienza.                             

En el planeta tierra existe algo llamado, inflación camino a recesión, desempleo, escasez de todo, cambio climático, desigualdad y mucha hambre.  No son tiempos para más incertidumbre. Todo se resuelve con plata y no tenemos músculo económico para aguantar el ejercicio que viene.                                         La mejor reforma tributaria que puede tener el país es adelgazando el Estado y rebajando los galácticos sueldos de los funcionarios. La nómina oficial le cuesta mucho al pueblo, es ineficiente, indolente y muy corrupta.                              

Los que no votaron por el doctor Petro, siempre estarán inconformes.  Si se les rompe el tubo de ensayo, corren el riesgo que también los critiquen quienes por ustedes votaron. Si esos dos descontentos se encuentran, se unen por la misma causa y nos vamos de strike en béisbol o autogol en fútbol.

No hay economista, presidente, ministro o mago que tenga la solución a este desastre universal. Los problemas son macroeconómicos y afectan a todas las naciones. El país está muy alterado y  los temas de gasolina y tarifas de energía son suficientes para prender la mecha o provocar una descarga de ira.                     

El preacuerdo para rebajar las tarifas de energía está marcado con una raya de arena. Una rabieta de Putin o una sequía nos pueden apagar las luces. Sabemos que las doctoras Carolina Corcho y Gloria Inés Ramírez son mujeres muy preparadas y capacitadas para ejercer sus cargos, pero las temperaturas están muy altas y pueden producir convulsiones. De las ministras no hay motivos para dudar. Son capaces y están en el sector que les va bien.                           

A algunas EPS, ya les hicieron la necropsia. Otras están vitales, saludables y activas. Sería injusto castigarlas por el mal comportamiento de sus pares. Como médica que es, la doctora Corcho ya hizo su diagnóstico y concluyó que el mal está en la corrupción generada por la intermediación (ADRESS) de los millonarios recursos que reciben. Deseamos que su cirugía tapone esas venas rotas.                                             

La ministra del trabajo tiene dos temas pendientes. La negociación del salario mínimo y la reforma laboral. Asuntos muy serios. Cada fin de año, gobierno, empresarios y sindicatos se sientan a negociar el salario mínimo de los trabajadores. ¿Cuándo se sentarán a conseguir trabajo para los informales y desempleados?

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