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Obituario  |  16 abril de 2018  |  02:54 PM |  Escrito por: Edición web

Murió Duván Rojas, el hombre del cine en el Quindío

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A la edad de 84 años murió hoy el último dueño de teatros en Armenia, Duván Rojas Cuartas. Desde hace un mes había ingresado a la clínica de la Sagrada Familia con complicaciones en el colon. Allí fue intervenido quirúrgicamente y dado de alta hace una semana. Su deceso se produjo acompañado de su familia, según dijo su hijo Duván Rojas. Durante mucho tiempo proyectó cine en el desaparecido teatro Bolívar de Armenia, creó los teatros Yuldana y Canaima. Sus últimos años los pasó proyectando películas en el viejo teatro Victoria, cerca al parque El Bosque. Le sobreviven sus hijos Jorge Iván, César Augusto y José Duván. Aún no se confirma el sitio de la velación ni de sus exequias. Duván Rojas Cuartas había cumplido 84 años el pasado 5 de abril.

Presentamos a nuestros lectores el siguiente texto, de la Revista Así Somos de Comfenalco, publicado el año pasado con motivo de los 50 años de la Caja de Compensación, y que se hizo como un homenaje al hombre del Cine en el Quindío.

Duván Rojas, una vida de película

Hace 78 años, cuando Duván Rojas Cuartas tenía cinco y se abría a la vida, se estrenó la película de mayor arraigo popular en el mundo, y la inmensamente romántica y épica en los recuerdos de este pionero del cine en Armenia: Lo que el viento se llevó, de Victor Fleming.

Como recordando la primera escena de la película de su vida, imagina de nuevo a su padre, Luis Rojas, cambiando en el garaje de su casa o en el teatro municipal de Génova la cinta del proyector de películas, para que los espectadores pagaran los cinco centavos de peso por estreno. 83 años después, don Duván, el visionario del séptimo arte, conserva intacta su vitalidad, su capacidad de asombro y el gusto por ver películas norteamericanas y mexicanas, sus favoritas. Repasa en su memoria los tiempos en los que, con afán de mantener a su esposa, se inició como portero del Teatro Bolívar de Armenia, hasta que, de su sueldo de ciento veinte pesos, ahorró los siete mil con los que compró luego en obra negra el Teatro Tigreros, segundo en importancia en la Armenia de entonces. Como hombre de éxito, quería seguir sumando estrenos en la película de su vida.

Con disciplina y pasión por el cine, volvió al Teatro Bolívar, ya no como portero sino como arrendatario, y permaneció allí durante 45 años más, hasta que también se convirtió en propietario. A la par, durante ese tiempo construyó los teatros Canaima y Yuldana, y para darle nombre a este último convocó a los espectadores a un concurso, con exitosa participación, en el que el ganador recibió mil pesos y entradas a cine durante un año por proponer este nombre con sentido mitológico. Para inaugurarlo, eligió la película española Alma gitana, un drama romántico que narra la vida de una mujer que anhela vivir su propia historia.

Tenía gran olfato para seleccionar los estrenos. De hecho, para la promoción del clásico mexicano La ley del monte diseñó cuñas y volantes, y pintó a mano carteles, en una estrategia tan exitosa que le valió la invitación de la Presidencia de Películas Mexicanas, luego de cinco meses de proyección continua, con tres llenos diarios en todas las salas de cine de Armenia. En su viaje a México como invitado, conoció a los actores Pedro López Lagar y Arturo de Córdova, galán urbano protagonista de la época de oro del cine mexicano, con quienes tiene una foto que conserva enmarcada en la oficina y recepción del único teatro triple X que sobrevive en la ciudad de Armenia: el Victoria. Tuvo cinco hijos varones. Dos de ellos ya no lo acompañan, pero César Augusto, Jorge Iván y José Duván le siguen de cerca los pasos. Porque cada palabra enseña, porque su ejemplo de perseverancia y disciplina lo convierten en todo un personaje, que no deja de ir a la sala, porque él, como el gran director Alfred Hitchcock, concibe el cine como “cuatrocientas butacas por llenar”.

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