• MIÉRCOLES,  19 DICIEMBRE DE 2018

Columnistas  |  13 junio de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: César Carvajal Henao

Era el partido liberal

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César Carvajal Henao

“Ser liberal es un honor que cuesta “ era una jaculatoria que se decía con pasión. La leímos cuando niños, bajo las fotografías de Rafael Uribe Uribe y de Benjamín Herrera. Y la escuchamos de labios del abuelo, Juan Nepomuceo Carvajal , un chaparraluno que había estado en la Guerra de los Mil Días, sintiéndose orgulloso porque había desertado de las tropas del gobierno conservador para sumarse a las huestes revolucionarias, diciendo : “¿Cómo, yo, un liberal, voy a combatir contra las gentes de mi partido ?”

Escribimos estas notas poco antes de las elecciones que elegirán Presidente de la República. En momentos en los cuales César Gaviria, El cínico, ha acabado de sepultar al partido Liberal, cambalacheándolo con Iván Duque, El divino. Así lo llaman ya en las redes sociales algunas mujeres, invitando a votar por él. En la primera vuelta electoral ya el grueso del liberalismo había cavado su tumba.

El partido Liberal tuvo en nuestra niñez y juventud gran significado. El 10 de mayo de 1957 un grupo de estudiantes del grado cuarto de primaria nos salimos del salón para vincularnos a la manifestación de montenegrinos que pasaban frente a la escuela celebrando la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, llegando hasta la plaza para escuchar los discursos de Luis Carlos Flórez, de Jairo Baena Quintero, de los médicos Roberto Quintero Villa y Ariel Patiño Sánz y del joven estudiante Orlando Arango Jaramillo. Este día quedamos matriculados en la política.

Años más tarde nuestro entusiasmo por el liberalismo aumentó cuando supimos que era el partido de los desheredados de las riqueza, de las libertades, con un aura esplendorosa de humanismo.

Estuvimos en las filas del Movimiento Revolucionario Liberal, M.R.L.. Era la época cuando se decía que Montenegro era la Plaza Roja de Colombia. Veamos en lo que quedó esta plaza o fortín.

El descontento por el partido Liberal, o mejor, por sus dirigentes y gobiernos fue llegando paulatinamente. Entre sus causales, cuando en una convención liberal proclamaron que el liberalismo era un partido de matices ideológicos. Y fue perdiendo su identidad.

Al dejar de ser un partido de izquierda las gentes más consecuentes ideológicamente vieron que este no haría los cambios políticos y económicos que el país necesitaba, por lo que fueron surgiendo nuevos partidos de avanzada social, como los que hay hoy en día.

El partido Liberal es ahora, ya sin ocultarlo y sin ninguna vergüenza, una montonera ávida de votos, de adhesiones a quienes ven más fuerte y con mayor poder, deseoso de puestos para convertirlos en nidos de corrupción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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