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Región  |  15 octubre de 2017  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Una ruta hacia Génova

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Todo era grandioso, fuera de la majestad de la selva interminable.

Por Luis Fernando Franco Ceballos

 La ruta seguida por don Segundo Henao para llegar a Génova, se iniciaba en Pereira, pasando por Filandia y Circasia, hasta llegar a Armenia. De allí se seguía para pasar por el actual sitio de Rioverde, encumbrarse al Alto del Poleal, y de ese punto a lo que hoy es Pijao que en verdad era Colón. Se seguía al antiguo paso de La Maicena, donde después hicieron finca los Bonilla, para seguir al Rocío, pasando por lo que fue y es El Cedral.

Desde esa altura don Segundo Henao vio esas tierras, y llegó a ellas pasando por el mismo sitio que actualmente ocupa el puente sobre el río Rojo.

Don Segundo era un veterano de la guerra de los Mil Días, era de origen antioqueño y con profusión hablaba de todos los pueblos de Caldas. Tenía muy buen estilo para hablar y escribir. En Pereira hizo conocer, hacia 1905, de la existencia de estas tierras, y durante sus viajes de exploración, que fueron tres, lograba hacer mejoras, y los que querían llegar lo hacían por la ruta que les indicaba. Su primera entrada la hizo en 1903, y esa ruta duró varios años.

Entre sus compañeros personales estaba Ramón Giraldo, quien picó lo que hoy es Venecia. Por tradición Ananías Herrera, Lope Morales, Venancio Salazar, Luis Ossa y Laureano González. El pueblo fue trazado así por orden de don Segundo, basado en algo que él conocía: la aspiración de todos los invasores era coger tierra para cultivar, en ese tiempo no había más en que pensar; las oleadas humanas a estas tierras montañosas eran las que habían quedado al margen de la justicia, sin derecho siquiera a la vida, buscaban estar aislados, libres de persecución oficial por ser veteranos de la guerra; querían hacer un pueblo liberal, y en verdad Génova fue fundado por el partido liberal. El 12 de octubre de 1906 no había en esa gran asamblea un solo conservador.

Después del trazado y de acuerdo, se construyó la casa que fue de Jesús M. Giraldo, y al frente la de Moisés Duque; otra llegó a ser propiedad de Miguel Giraldo, la que era de Eleuterio Ossa; otra que edificó don Jesús López, que fue el primero que vendió cacharro, compraba oro e hizo una casa donde es la de Álvaro Giraldo, y por ese lado, al salir a la plazuela Marceliano Cardona, levantó la suya. En la esquina que fue de don Miguel Franco Osorio, don Julio Gil edificó también; don Daniel Arias, edificó en el marco de la plaza. En la esquina que era de Benjamín Avivi armó una ramada de vara en tierra don Laureano, y allí mismo, un señor Arboleda estableció la primera escuelita atendida por unas hijas suyas, una de ellas llamada Dolores. Las casas mencionadas eran sobre cuadros, enchinadas unas y de madera aserrada otras y con techos de astilla.

El primer corregidor se llamó Valentín, sin que se tenga precisión sobre el apellido, mientras que el Comisario fue Emiliano Marulanda, la oficina era en el sitio que ocupaba la casa de don Germán Herrera. El segundo corregidor fue don Daniel Arias.

La vía El Topacio-La Topacia, Campamento o Barragán, se fue haciendo poco a poco, pero con afán y unidos con decisión en el año de 1921.  Pijao se hizo municipio en 1925, sus dos primeros nombres fueron Colon y Riolejos, y con Génova pertenecían a Calarcá. Allí se trancó por muchos años el desarrollo de Génova, que por fuerza de derecho se hizo municipio en 1936 y se inauguró en 1937.

Cuando Génova estaba ya colonizado con haciendas, caminos y cultivos, y el pueblo bien formado, resultó una sociedad llamada Burila, y mucha gente dejó de trabajar por miedo a perder todos sus esfuerzos, y otros no vinieron porque la sociedad reclamaba desde el Alto del Oso abarcando Córdoba, Pijao, Génova, Caicedonia y Sevilla; todo eso tenía fuerza de gobierno con el general Pompilio Gutiérrez como gobernador de Caldas, y luego Daniel Gutiérrez y Arango. Los colonos se defendieron, pero el éxito lo obtuvieron cuando el mandatario era Enrique Olaya Herrera, el régimen anterior daba fuerza a todas esas formas.

Fue en los primeros días de febrero de 1906 que una familia integrada por Adelmo Jaramillo Restrepo y su señora Florentina Salazar Arias, con sus hijos Emilio, Eduardo y María, llegaron a estas tierras que eran montaña sin fin, y en una mejorita de más o menos media cuadra que estaba en lo que hoy ocupa la galería, había un rancho techado de astillas de madera, altito del suelo como por miedo. Allí vivía don Tobías Giraldo con su señora María Jesús Marín Henao, y sus hijos Juan de la Rosa, Mariano, Tobías, Lorenzo, Ana Joaquina, Rosalina y Mercedes.

Como a unas cincuenta varas del rancho, un poco hacia el oriente había una ramada de vara en tierra, al pie de la montaña compuesta por árboles de 25, 30 y más metros de altura; allí acamparon como a las 4:00 de la tarde los ya dichos a más de Julio Gil, cuñado de Jaramillo y sus hijos Jesús María, Lulio y Luis; los hermanos de la señora Florentina, Manuel y Jesús Antonio, el mono.

Fueron atendidos por los Giraldo con muy poco porque los medios eran además escasos, y las personas llegadas eran once. A pesar de estar tan cansados esa tarde fue de mucha alegría y manifestaciones de acogida.

Era peligroso que con el merodeo de los animales silvestres de la montaña, de pelo y de pluma, cayera algo que pudiera perjudicarlos, por lo cual don Adelmo madrugó al otro día a derribar los árboles que más amenazaban, acompañado por los demás y procediendo a la cacería y la pesca en los ríos que ya tenían el nombre de río Gris y San Juan, ya se conocía por igual el río Rojo.

Se traían dieciséis cerdos lechones para dejarlos libres en los montes, porque decían afuera que en estas montañas había mucha abundancia de comida silvestre para los cerdos, pero principalmente una fruta que la comían y pronto los encontraban gordos, si el tigre y el león no acababan con ellos, era la tagua que no fue como la ponderaban. Esa y otro sinnúmero de frutas fueron muy benéficas para los primeros colonizadores, así como lo fueron las distintas plantas que fueron apareciendo al ir abriendo los montes.   

Don Segundo Henao -quien estaba casado con Jacinta Patiño, por igual mantenía una hija de crianza llamada Helda Bermúdez-, quien un poco después de la guerra de los Mil Días descubrió estas tierras, ya tenía el abierto en lo que él llamó El Cedral, y fue el primer dueño de toda esta comarca; por allí era forzoso pasar para todo el que venía con el fin de coger tierra, y don Segundo, a manera de permiso, señalaba desde esa altura a donde debían hacer su finca.

Ya estaban allí Laureano González con toda su familia que era bastante numerosa en una mejora más abajito del puente de río Rojo, tenía ya maíz y frijoles, el río era muy bravo y casi no pasan los cerdos y un caballo que traía don Julio Gil, y fueron estos los primeros animales que abriéndoles trocha, entraron en estos lugares. Marcelino González, hijo de Laureano tenía las tierras en donde después se fundó el cementerio antiguo.

Estaban viviendo en sus tierras don Luis Felipe Ossa y su señora Eleuteria Correa, también con familia numerosa. Francisco Ramírez y Natalia Hernández, cónyuges, vivían prácticamente debajo de la montaña, y se sostenían de la caza, ellos eran llamados “los hoyeros”.

En esa misma semana entraron Ángel Marín, Venancio Salazar, Antonio Galvis y Francisco Jaramillo, hermano de Adelmo; Lope Morales, Tomas Giraldo, Jesús Marín, Emiliano Loaiza; los Arias, Gabriel, Tomas, Gregorio, Agustín y un medio hermano que llamaba Ulasdilao Marín; Jerónimo Giraldo, Alejandro y Telesforo Bermúdez, Bonifacio y Eleazar; Antonio Osorio y Carmen García, y los Osorio que después se estacionarían en Cumbarco.

Luego Benito Valencia y Marcelina Aguirre, su esposa, con muchos hijos e hijas; don Manuel Ospina, antioqueño que picó áreas de El Dorado. Después entraron José Domingo y Luis Carlos Jaramillo, y picaron todo los que se conoce como La Grecia y La Estrella. La madre de los Arias llamaba Agripina Marín, ellos picaron El Cairo, a lindes cogió Adelmo lo que hoy es California; Francisco lo que es Bogotacito.

La gente que entraba a picar tierras era en forma de compañías numerosas, y se metían en las montañas por los distintos cañones de los ríos, traían provisiones para bastantes días, escopetas y munición, porque había mucho que cazar: osos, dantas, venados, tatabras, y toda clase de animales de pelo, tigres, leones, y por lo alto en los árboles, monos, micos, etc.

Además la gran abundancia de aves, el águila que merodeaba y otras aves de rapiña, y había nubes de un pájaro muy bello, de pico largo amarillo, plumas negras, amarillas, rojas y blancas, clasificado como el  “diostedé”.

Las historias se remontan, y se cuenta que la primera persona que nació aquí fue una hija de Adelmo y Florentina, en el mes de mayo, actuando como comadrona la señora Marcelina Aguirre, madre de Manuel Valencia.

Ya había mucha gente, y con convicción y acato todos se entendían siempre con don Segundo Henao. En el mes de junio entraron dos misioneros católicos, y detrás de ellos muchas más personas, uno de los dos era gordo y carón,  muy sosegado para todo, y generoso; el otro era delgado, blanco y brioso, muy hablantinoso y bravo, lo llamaban “cáscara amarga”. A todo el que confesaba le preguntaba que era políticamente  y si le decía que liberal, sacaba una navaja dizque para cortarle la lengua y la nariz, lo regañaba, él siempre manifestaba que era charlando.

A los pocos días llegó el padre Ismael Valencia, y detrás de él más gente a coger tierra. Los tres curas hicieron convites, y entre toda esa gente derribaron el monte en una mejora  y de una cuadra de ancho hasta que llegaron al río Gris, enseguida se pusieron todos a cortar madera y a hacer limpios para levantar ramadas, ranchos donde oficiaron por muchos días, los de descanso, en los demás, los de trabajo, el único ruido que se oía era el caer de la montaña.

Con la masiva presencia de personas llegadas desde diversos puntos cardinales, resolvieron organizar una junta pobladora la cual fue integrada por Adelmo Jaramillo, Tobías Giraldo, Venancio Salazar, Miguel Salgado, Marceliano Cardona, Luis Ossa, y muchos más. Don Segundo permanecía en El Cedral, pero dispuesto a propulsar todos los movimientos encaminados a fundar un pueblo, y después de varios meses, esa junta promovió una asamblea e invitó a la mayor parte de los moradores.

Todo era grandioso, fuera de la majestad de la selva interminable... en esos meses, cuando estas comarcas no tenían nombre todavía, se soñó en hacer un pueblo; pero existía mucho temor a las avenidas de los ríos y por estar la playa tan al pie de la colina, más bien de los cerros, y se mandó una comisión de exploradores a buscar un sitio mejor; ellos dormían en los montes y al cabo de ocho días regresaron, y su informe fue el de que si existía un lugar bueno para el pueblo pero al que no le veían posibilidades de subsistir porque no había agua suficiente para abastecerlo.

Los comisionados eran Adelmo Jaramillo, Marceliano Cardona y Antonio Osorio. Jaramillo dijo en cambio, que tal vez no hay en otra parte un sitio con tantas aguas como este.

En El Cedral había ya bastantes vacas lecheras, y allí se consiguió queso y mantequilla, ya se tenía maíz, gallinas, huevos, y con estos elementos se preparó una gran comilona, y el 12 de octubre de 1906 se reunieron unas setenta y cinco (75) personas bajo la presidencia de don Segundo Henao quien por sus capacidades intelectuales a la vez fungió como secretario. Él era muy preparado, y no había en el lugar otra persona que pudiera desempeñar esto.

Fue una verdadera fiesta, ya había estanco y Adelmo Jaramillo era el estanquero junto con Venancio Salazar; los picadores venían con plata para todo y compraban mejoras bien situadas, luego circulaba plata; todo se hizo comiendo gallina, natilla, pandequeso, buñuelos, con chicha hecha con panela traída de La Maicena de donde unos señores Bonilla.

La escogencia del nombre para el naciente poblado fue tema de consulta y debate extenso. Don Manuel Ospina fue proponente del nombre de El Dorado; Adelmo Jaramillo R, presentó y propuso el nombre de Génova. Los nombres propuestos fueron objeto de largas conversaciones, lo que a la vez generó una gran discusión, a la cual se puso fin con la intervención de don Segundo quien manifestó: “no han encontrado acuerdo, vamos a resolver esto por medio del voto”, lo que aceptado por los asistentes, se convino en hacer la votación con resultado favorable para el nombre de Génova con mayoría de votos, y con la complacencia de don Segundo, quien indicó sobre esta nominación, que la misma se convertía en un homenaje a la patria chica del descubridor de América, el Almirante Cristóbal Colón.

Los trámites desarrollados se fueron consignando en documentos escritos por don Segundo, cuya caligrafía era excelente, pero los mismos con el paso del tiempo, seguro por deterioro y mal cuidado, desaparecieron. Pronto, llegó una comisión de agrimensores y topógrafos a demarcar el área de la naciente población, indicándose como una de las notas, que Emilio Jaramillo Salazar, un imberbe joven, se convirtió en ayudante de los medidores, encargado de la movilización, transporte de los equipos y la colocación de las estacas, las que iban definiendo los trazos.  

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