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Columnistas  |  12 agosto de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Evelin Montoya

Política en tránsito 

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Evelin Montoya

Hay que poner los pies sobre la tierra, la sociedad está cambiando, progresivamente, porque los cambios de dinámicas no se dan de la noche a la mañana, pero es imperante hacerlos consientes. La política no es la misma del siglo pasado, ya no es unidireccional, ahora es interactiva, y su escenario por excelencia ya no es la plaza pública.  

Así que, hacerle entender al electorado que su papel es crucial para los destinos del país, es una tarea que apenas va tomando forma, le falta mucho para llegar a cumplirse a plenitud, pero de tanto en tanto se está haciendo. Es que lo público no necesariamente tiene que entenderse como político, y a su vez lo político no tiene por qué satanizarse.  

Colombia está en un proceso de aterrizaje en materia política, es decir que ese sujeto inalcanzable que es el personaje público, ahora se está volviendo más próximo, y mientras más próximo más confianza genera. La novedad, la juventud, los nuevos discursos son lo que paulatinamente está abriendo las sendas de la política renovada. Lo natural en el ser humano es demandar cambios, pero que sean paulatinos, los cambios repentinos causan incertidumbre y terror, por positivos que sean.  

No es al azar, que durante los últimos años, en el mundo se estén desarrollando cada vez más procesos políticos articulados a movilizaciones sociales, lo cuales poseen como instrumentos mecanismos de participación ciudadana, estos derivan en la toma de decisiones que definen temas cruciales para el futuro de los Estados.  

Cada cambio, en su época determinada, obedece a una emergencia en la gobernabilidad y la gobernanza, esto se traduce en que las acciones, estrategias, etc., que se venían implementando, ya no son útiles, ya no comulgan con la actualidad, como lo expresó alguna vez Napoleón  “las leyes que rigen las circunstancias, son abolidas por las nuevas circunstancias”. 

Todo esto para llegar a un fugaz argumento sobre el escenario en el que se desenvuelve el país. Colombia está en pleno proceso de transformación, el cual lleva varios años iniciándose y se tardará algunos otros para materializarse, y esta es quizás la venda que muchos colombianos tienen sobre los ojos, que no permite ver que el Estado está en un momento de tránsito, lo cual le costó al expresidente Santos una de las cifras de desaprobación más altas en el último cuatrienio, 72%. 

Esa emoción tan humana, que es el temor al cambio, no legitimó los acuerdos de paz, por el contrario ha generalizado su rechazo, pero solo retrospectivamente se sabrá el vuelco que dio el país tras esa implementación. Y es que después de más de 60 años en una guerra que ya carecía de sentido, solo quedaban dos caminos por tomar, el primero darle reconocimiento de beligerancia a un grupo armado ilegal –lo cual legalizaba a las Farc- EP ante la comunidad internacional, según los preceptos del DIH-, o trasladar el escenario de guerra armada, a debates políticos.  

Se tomó el rumbo más oportuno, la cuestión es que en tiempo presente es difícil de percibir. Sin embargo, está situación ha sido positiva en términos democráticos, de alguna manera se ha incrementado el interés de los ciudadanos por las dinámicas estatales, poco a poco la participación tiende a subir, y el apoyo a sectores independientes de la política es innegable. Juan Manuel Santos abrió una puerta para construir y conocer un nuevo Estado.  

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