• SÁBADO,  15 DICIEMBRE DE 2018

Columnistas  |  11 octubre de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Elison Veloza Lifad.

Cuánta falta nos haces, amor

0 Comentarios

Elison Veloza Lifad.

Cuando se nos dice que todos podemos alcanzar nuestros sueños, lo creemos firmemente. Creemos también que lograr eso, depende única y exclusivamente de mí, y a veces del favor de dios y de los otros. Se nos dice también que la pobreza es culpa nuestra, de muestra falta de ver oportunidades en la vida, de nuestra falta de fuerza de voluntad y de lo que es más importante, de no saber qué queremos realmente y, en consecuencia, de no saber quiénes somos. Todo esto, en parte, es cierto.

Descubrir quiénes somos, sin embargo, es una tarea grande. Hace mucho leí un artículo que decía que era sorprendente la cantidad de jóvenes que a sus 28 años, se comportaban como adolescentes de 16. Nuestro gran problema de inmadurez es, efecto, nuestro gran problema de no saber quiénes somos ni qué queremos realmente.

Querer cumplir nuestros deseos no es suficiente. Los deseos se pueden cumplir usualmente con mucha facilidad, y por eso mismo son insaciables y nos da más insatisfacción: tras un deseo, siempre hay otro. Para como están las cosas en nuestro país y en el mundo, es necesario un querer de características universales, humanista, que contribuya al bien del mayor número de personas posibles; Para saber quiénes somos, solo hay una clave: ¡Sapere Aude! ¡Atrévete a pensar!.. por ti mismo -ya lo dijo Kant hace casi 300 años-.

Así se completa el círculo: Saber qué quiero realmente solo es posible en la medida que sé quién soy, y saber quién soy solo es posible en la medida que puedo pensar por mí mismo. Así que, querer y poder ser realmente lo que queremos, depende, por un lado, de nosotros, de nuestra madurez y libre pensar, crítico y reflexivo, y por el otro, del apoyo de los otros que, (siempre y cuando ese querer realmente no le haga mal a nadie) siempre está dispuesto, ya sea por parte de padres, hermanos, amigos o desconocidos que creen en nuestra casusa.

Naturalmente hay causas ajenas a mí y a los otros, que a veces hacen más difíciles las cosas, pero esas son contingencias que no se pueden controlar. Son punto aparte.

Estoy completamente seguro que hasta acá, están de acuerdo conmigo.

Dicho esto, les hablaré ahora de una mujer que, después de un largo trabajo de conocerse a sí misma (y estoy seguro que su trabajo fue doble, ya lo veremos), después de lograr un carácter y una madurez admirable, y después de estar realmente segura qué quería, sin hacerle daño a nadie, (es decir, después de cumplir todo lo dicho anteriormente, y en lo que usted y yo estamos de acuerdo) decidió, primero, dar un paso hacia su identidad como mujer y segundo, buscar su sueño de ser Miss Universo, para llevar al mundo un mensaje de amor e inclusión.

Esa mujer es Miss España, Ángela Ponce, la primera mujer transgénero aspirante a Miss Universo.

Si leímos esto con un sentimiento de terror o reproche porque no nos gustó eso de que un “no se preocupe: es el primer paso hacia nuestra identidad y madurez. Al menos, creo, ya pudimos intuir que somos lo que está mal en el mundo, porque no dejamos que otros cumplan sus sueños (incluso si éstos no le hacen mal a nadie); porque no aceptamos que otros sean lo que nosotros no queremos que sean; porque no aceptamos que piensen por sí mismos, si ese pensar va en contra de nuestras creencias personales, religiosas o lo que sea; y porque nuestra ayuda a los otros está condicionada por moralismos que se traducen en odio, exclusión, etiquetas y en “justicia mediocre”: unos sí, otros no.

Conscientes de esto, creo que deberíamos volver a leer los primeros párrafos de este artículo para saber por dónde empezar para lograr nuestra mayoría de edad mental, conocernos a nosotros mismos y ayudar al bien del mundo. Un mundo en el que todos quepamos gracias al amor.

PUBLICIDAD

Otras Opiniones

Comenta este artículo

©2018 elquindiano.com todos los derechos reservados
Diseño y Desarrollo: logo Rhiss.net