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Editorial  |  23 diciembre de 2020  |  01:29 PM

Un mal año para el alcalde

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Al alcalde de Armenia José Manuel Ríos Morales le fue mal en su primer año de gobierno, el 2020. Empezó con muchos tropiezos, desde el nombramiento de su gabinete con muchas personas vinculadas con gobierno corruptos pasados, pasando por las investigaciones abiertas por la Procuraduría, Contraloría y Fiscalía por la firma de varios contratos para atender la emergencia del coronavirus, de forma abiertamente irregular.

Y se le vino la suspensión, apenas cumplido el primer semestre de mandato, lo que lo obligó a estar ausente del cargo durante casi 100 días. Adicional, se enredó su gobierno con la aprobación del Plan de Desarrollo, documento guía que quiso incluir dos o tres artículos polémicos sobre endeudamiento, reforma administrativa y posible venta o concesión de servicios básicos que presta Empresas Públicas de Armenia.

No pudo avanzar en nada sobre la solución a la paralización de las obras del Centro Cultural y Turístico de la Estación del Ferrocarril, donde hay una enorme inversión, cercana a los $5.000 millones, y donde se quedó como un monumento a la corrupción un enorme hueco en el antiguo patio de máquinas frente al edificio republicano. Y lo peor, se perdieron $8.000 millones de pesos que había prometido Fontur para avanzar en este proyecto.

A pesar de que su caballito de batalla fue el tema de valorización, su administración tampoco avanzó nada para desenmarañar este nudo gordiano en que se han convertido las obras inconclusas, sin iniciar, sin entregar, contratos sin definiciones de liquidación, absoluto hermetismo sobre el recaudo, los créditos, los intereses, y el futuro de estas ilusiones de los armenios.

Propuso, el alcalde, un Plan de Cumplimiento, para no cumplir con la ejecución de valorización, pues su idea es posponer las obras hasta el año 2031, es decir, le saca el cuerpo al principal problema de la ciudad y sus soluciones, que fue para lo que lo elegimos. No tiene información exacta el alcalde sobre lo que realmente sucede con valorización. La ciudadanía no solo sigue engañada, como lo hicieron los dos alcaldes pasados, sino que carece absolutamente de información cierta.

El 2021 coge al alcalde con los vencimientos del cobro de valorización, pero también de los contratos de las obras, y durante su primer año no movió un ladrillo, y los resultados de los estudios jurídicos y financieros sobre el particular aún no se conocen. Se le fue el tiempo al alcalde en otras cosas nimias, repartiendo mercados, tapando unos pocos huecos, atendiendo la burocracia sugerida por sus ‘patrones’ políticos, descuidando lo importante.

La alcaldía de Armenia es un desorden absoluto por donde se le mire. El Plan Tapa Huecos fue presentado como un mantenimiento a la malla vial total, pero sabemos que el presupuesto que tenía alcanzó solo para unas pocas calles y pocos huecos. Ese tema debió de haberlo realizado sin tanto bombo y platillo, pues se sabía que mucho más de la mitad de los huecos iban a quedar destapados.

Y qué decir del espacio público. Se desbordó el desorden en las calles. Y no pueden seguir endilgándoles las responsabilidades a la secretaría de Gobierno, porque la solución a este problema es integral. Este es un problema vial, de seguridad, económico, de salud, social, de servicios públicos como el aseo, etc. El problema no es de una secretaría, es de la alcaldía en su totalidad y su integridad.

Y, para colmo de males, la laxitud del alcalde frente a la pandemia. Armenia es hoy una de las ciudades con más afectación del Covid-19 y, sin embargo, también una de las ciudades colombianas con menos medidas restrictivas. Aquí, todo está al garete, al desgaire, que cada quién haga lo que se le venga en gana, mientras el hospital San Juan de Dios y las clínicas se llenan de pacientes. Dios no quiera que llegue el día en que los médicos tengan que escoger entre un anciano y un joven para ponerlo en una cama UCI, y deban escoger quien muere y quien vive.

Mal, muy mal le fue al alcalde Ríos en este primer año de gobierno, no solo perdió el año 2020, sino que, con la recomposición de su gabinete, orientada solo con un criterio politiquero, siguiendo lo que le dictan ‘sus patronos’ electorales, vemos con dificultad que habilite y pueda empezar su recuperación.

Sin embargo, hacemos votos para que cambie el rumbo, para que enderece el barco, para que repiense su administración y la ciudad en aras de tener oportunidades para ver una Armenia mejor, más ordenada, más vivible, con mejores condiciones, y, por fin, recuperada de la hecatombe en la que hemos caído por cuenta de las últimas administraciones.

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