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Política  |  06 diciembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

El difícil arte de armar coaliciones sin partidos

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Por Rubén Sánchez David

Profesor Universidad del Rosario

 

Con el paso de los días la malla de la precampaña electoral se hace menos densa pero más enredada, aunque algunos hechos tienen ya contornos definidos y, posiblemente, definitivos.

En primer lugar, el panorama político comienza a clarificarse: Colombia se encamina a una confrontación de coaliciones las cuales girarán alrededor de tres consultas presidenciales que abrirán el camino a la Casa de Nariño al que será el próximo presidente de la República. En segundo lugar, está claro que el paso de Gustavo Petro a la segunda vuelta es un hecho prácticamente cumplido. Finalmente, que el desprestigio del gobierno de Duque se ha convertido en un fardo insoportable que impide a cualquier aspirante apoyarse en él para justificar la continuidad de la línea trazada desde el uribismo.

En ausencia de un punto de apoyo identificable, desfigurados los partidos políticos, difuminadas las ideologías y desprestigiadas las instituciones, surgen aspirantes de toda índole a sabiendas de que sin el apoyo de otros competidores no realizarán su ambición. De allí la necesidad de concertar alianzas. El problema es encontrar el fundamento claro que permita construir sobre su base el programa que se ofrezca a un electorado incrédulo que espera una guía para salir de su desconcierto.

En épocas pasadas los grandes electores habrían designado a los encargados de enarbolar el estandarte de sus huestes, pero, al estar comprometidos con la elección de quien echó por tierra lo construido, se ven impedidos para imponer a quienes quisieran ver en la Presidencia y deben plegarse a los que sus subordinados planteen para que alguno de ellos sea el escogido. Así mismo, y para dar una idea de orientación ideológica, se adopta un lenguaje conocido pero que ha perdido su sentido o que, por lo menos, no corresponde a la realidad como podría ser interpretada con las categorías comúnmente utilizadas.

Pasaron los tiempos “del que diga Uribe” y del que cuente con la maquinaria del que fuera durante muchos años partido de gobierno y conserva un electorado fiel a ideales de libertad, justicia y equidad. Uribe, acorralado por los problemas legales que lo acosan y Gaviria por sus errores como director único del Partido Liberal son más un estorbo que referentes capaces de movilizar grandes masas.

Los referentes ideológicos son ignorados y se adoptan expresiones sonoras que los expertos en marketing político se inventan para evocar emociones, valores positivos o ilusiones. Se forja el Pacto Histórico, hecho a medida de Gustavo Petro quien formalmente competirá con Roy Barreras, también senador, y la líder ambientalista Francia Márquez.

Al cabo de múltiples desencuentros se organizó la Coalición Centro Esperanza cuya estrella es Sergio Fajardo y quien hoy se enfrenta Alejandro Gaviria, pretendido independiente, junto a Juan Fernando Cristo, Jorge Enrique Robledo, Juan Manuel Galán y Carlos Amaya. Según lo acordado en reciente “conclave” harán campaña juntos, pero disputarán la candidatura en marzo.

En una tercera coalición, llamada primero Coalición de la Experiencia y hoy Equipo por Colombia, confluyen los exalcaldes Alejandro Char, Enrique Peñalosa y Federico Gutiérrez junto a la exgobernadora del Valle Dilian Francisco Toro, el exministro Juan Carlos Echeverry y David Barguil del Partido Conservador.

Son llamativos los casos de Rodolfo Hernández, exalcalde de Bucaramanga, quien ha dejado en claro que no hará parte de ninguna coalición y el de Óscar Iván Zuluaga, candidato único del Centro Democrático, elegido mediante unas encuestas cuestionadas por parte de sus mismos miembros. Este último, consciente de que sin aliados no tiene ninguna posibilidad, pero de que todavía el partido que representa, a pesar de que está a la baja, tiene un peso inestimable, busca ser admitido en el Equipo por Colombia para jugar desde allí.

En los medios de comunicación y en el imaginario de las personas, el Pacto Histórico es calificado de izquierda, la Coalición de la Esperanza de centro, el Equipo por Colombia de derecha y el Centro Democrático de extrema derecha. Como recurso nemotécnico esta clasificación es útil. En la práctica, sin embargo, no dice mucho. En todas ellas se encuentran tránsfugas y un conjunto abigarrado de políticos que no tienen discursos que permitan vislumbrar con qué medios van a lograr sus metas, por ahora similares (lucha contra la corrupción lucha conta la pobreza, la vida digna, la libertad, la propiedad, etc).

Lo único claro es la voluntad de ganarse los votos que han de permitir la conquista de la Presidencia para lo que el primer paso es elegir a los respectivos adalides, tomar ventaja y sumar fuerzas. El pasado de los que integren las filas o sus “matices” ideológicos importan poco por el momento. Lo único claro es que sin votos no hay acceso al poder; que una mayoría del electorado está indecisa, que su conquista es una prioridad y que la incertidumbre es grande por cuanto la capacidad de las maquinarias ha mermado ante la fuerza que han tomado las redes sociales. En estas circunstancias, el papel de los clanes familiares es clave, motivo por el cual el asunto de las listas para el Congreso es vital dado que los candidatos al mismo influyen en las consultas.

En el ajedrez de la política la estrategia lo es todo. Se pueden perder fichas para ganar otras de mayor valor, pero un paso en falso puede ser fatal. Por ello el anuncio de una posible alianza de Luis Pérez con el Pacto Histórico causó conmoción cuando el senador Gustavo Bolívar afirmó que en el camino había entendido que la meta era la Presidencia y que el Pacto Histórico no lo iba a lograr solo, contrariando la opinión de otros miembros de su movimiento que no olvidan el presunto rol que desempeñó Pérez en la Operación Orión en las comunas de Medellín cuando era alcalde de la ciudad. Petro negó la responsabilidad de Pérez en la mencionada Operación para justificar la pretendida alianza, pero fue tal el revuelo causado entre los simpatizantes del Pacto que la misma fue desmentida horas después.

Tampoco se puede negar que el dinero es el nervio de la guerra y que en una batalla que se juzga enconada, el contar con recursos económicos superiores a los del adversario significa una ventaja innegable. ¿De qué otra manera apreciar la suspensión de la Ley de Garantías so pretexto de impulsar la dinámica de la economía del país en este estado pospandémico? ¿Y si a ello se suma involucrar a quien figura en segunda posición en las encuestas en graves decisiones judiciales y fiscales? Fajardo ha anunciado que sigue con su aspiración presidencial y ha recibido el apoyo de los demás integrantes de la Coalición de la Esperanza, pero es evidente que la acusación de la Contraloría General impactará en su campaña.

También se especula que en enero de 2022 Germán Vargas Lleras saltará al ruedo para aglutinar las voces de los electores que no están satisfechos con las figuras de los posibles rivales de Gustavo Petro. ¿Generaría esta candidatura más convulsiones a una situación incierta marcada por un sello antipartidos?

Como se dijo, la malla se hace menos densa, pero el tejido es más retorcido. El camino apenas comienza y queda mucha tela por cortar.

TOMADO DE REVISTA SUR

https://www.sur.org.co/el-dificil-arte-de-armar-coaliciones-sin-partidos/

 

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