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Cultura  |  03 diciembre de 2018  |  12:46 AM |  Escrito por: Robinson Castañeda

Curso básico de cantaleta

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Un texto de Jorge Humberto Jiménez Berna.

Según el diccionario de la Enciclopedia Encarta, la palabra “cantaleta” tiene en Hispanoamérica el significado de “estribillo o repetición enfadosa”. No hace falta ser erudito para darnos cuenta de que la cantaleta en nuestro medio es mucho más que eso. Es una tradición ancestral, que parece mantenerse, aún en estos tiempos en que todo es nuevo; “es un sistema educativo, de carácter no formal”, como dirían ahora los especialistas; es un repertorio verbal y conceptual que facilita a padres y maestros su papel de orientadores de la ética doméstica; es casi un deporte nacional y es, entre otras varias cosas, un recuerdo que, con el paso de los años, deja atrás el fastidio que sufrimos al soportarla, y puede evocarse con la gracia y simpatía que acompaña el recuerdo de los momentos hogareños.

De cualquier manera, con o sin definición, todos sabemos que “cantaleta” no solo es una palabra, sino un hecho bien conocido y familiar en nuestro medio, y que ese término forma parte de expresiones de uso frecuente en el lenguaje coloquial, tales como “deje tanta cantaleta”, “otra vez con su cantaleta”, “ya empezó la cantaleta”, etc. Para confirmarlo, vale recordar que la cantaleta fue motivo de inspiración para una canción del Maestro Cabas, muy sonada hace algunos años. No es gratuito, además, que el término se derive del verbo “cantar”, porque la cantaleta, sin duda, bien puede considerarse como una modalidad expresiva muy democrática y cercana al canto, con características de ritmo, altura, intensidad y timbre que le son propias. Más adelante podremos referirnos a sus rasgos musicales.

País de Cantaleta.
Por ahora, la verdad contundente es que somos un país donde todos sufrimos la cantaleta y todos aprendemos a cantaletear. Y aunque esa habilidad se les achaca de modo principal a las mujeres en su papel de esposas o de madres, es innegable que también la ejercen de modo muy semejante los varones en su condición de maridos o de padres. La cantaleta, además, no se restringe solamente a los espacios domésticos. También es habitual en empresas y oficinas, en iglesias y en escuelas, y talvez en todas las circunstancias donde alguien se siente depositario de autoridad o liderazgo. En mi caso, además de párrocos y profesores, tengo ejemplos notables de directores de coros, capitanes de equipos deportivos, jefes de noticieros, dirigentes de fundaciones y no pocos presidentes de república cuyas cantaletas me ha tocado soportar, aportando mi cuota de resignación y de molestia visceral, condiciones naturales e indispensables para aguantar a los cantaletosos y a sus cantaletas.

Como tantas otras realidades del país, no hay duda de que la cantaleta tiene características y rasgos particulares en cada región y, seguramente, otras diferencias debidas a nuestra lamentable estratificación socioeducativa. En las cantaletas regionales y locales varían, seguramente, el lenguaje (costeño, cachaco, opita etc.), los motivos y comportamientos que irritan al cantaletoso (levantarse tarde, no colaborar en oficios domésticos, estar distraído…), y las horas y circunstancias más adecuadas para cantaletiar; sin embargo, se mantienen en toda clase de cantaleta los elementos comunes y fundamentales en cuanto a forma y contenido, los cuales son fáciles de ver por la analogía de la cantaleta con la música y por su carácter de discurso educativo.

En la forma, todas las cantaletas recurren a un tema o motivo básico con una enorme riqueza de variaciones; todas llevan un ritmo presto y vivo con aceleraciones y ritardandos magistralmente ubicados en los momentos de clímax; todas utilizan un registro generalmente agudo y de intervalos mas bien estrechos, lo que la asimila al canto llano y, a su vez, le permite a los oyentes una atención distante y de poco esfuerzo auditivo, condición indispensable para estar expuesto a cualquier cantaleta que exceda de dos minutos. En el contenido, los elementos comunes tienen que ver con la amonestación emotiva, la redundancia en el mensaje, el sufrimiento que acompaña al “cantaletoso”, y la insistencia en consecuencias no deseables como mecanismo para llevar a los “cantaleteados” hacia las conductas correctas y esperadas.

Cantaleta casera.
No obstante, ese amplio universo de la cantaleta en nuestras relaciones sociales, solamente quiero rememorar la que me acompañó en mi hogar, en mi época de crianza y de juventud, y que también pude escuchar en casas de familiares, amigos y vecinos. Creo que esas etapas de mi vida coinciden con la Edad Dorada de la Cantaleta por dos razones principales: una, porque ese discurso de intención recriminadora y correctiva empezaba a llenar el vació de los castigos corporales, que para entonces ya perdían terreno como fórmula de excelencia educadora y, otra, porque en ausencia de la televisión y de los conocimientos de planificación familiar, las familias eran numerosas, circunstancia que hacía más compleja la tarea de los padres y que difícilmente les permitía procedimientos educativos individualizados; la cantaleta es de amplia cobertura y sus recomendaciones, observaciones y amenazas podían alcanzar satisfactoriamente una prole de más de ocho hijos en una sola emisión.

Aunque mis padres no fueron eximios “cantaletistas”, creo que representaban el promedio normal y debo admitir que manejaban satisfactoriamente el repertorio cultural ya acumulado, socializado y aceptado en nuestra época como método de crianza. Así pues, intento esta reseña de la cantaleta en su espacio doméstico, porque es la que mejor recuerdo y porque es la única que merece evocarse. Esa cantaleta hogareña es la única que llega a mi memoria, acompañada y justificada por el agridulce sabor de un auténtico cariño; cariño que para entonces encontraba en la cantaleta un medio ideal para el desahogo y la catarsis de nuestras sufridas y valerosas madres, aunque ciertamente ineficaz para sus propósitos educativos. Ellas quizá ignoraban que la cantaleta era su mejor y única posible terapia, (otros métodos como los aeróbicos, las telenovelas, los consejeros matrimoniales o los amantes son inventos posteriores a la época), pero tal vez advertían lo precario de su eficacia, como quiera que una frase lapidaria y recurrente del discurso era: “pareciera que lo que uno les dice, les entra por una oreja y les sale por la otra”.

Lo bueno de la Cantaleta.
Vale aclarar que, si bien descalifico a la cantaleta en cuanto a su eficacia pedagógica, considero que, en dosis no agresivas, merece su lugar en la vida familiar como factor de animación, de contraste y de catarsis. Una buena cantaleta rompe la rutina, descansa al estresado, y proporciona un momento de alta carga emotiva que genera pactos de enmienda y acciones de reconciliación muy saludables para la vida familiar. Acepto que es remedio de sabor amargo, pero la experiencia enseña que los paladares se acostumbran y las molestias mayores solo se dan al comienzo. De ahí que proponga esta reseña de la cantaleta como un curso básico. Con los ajustes adecuados de época, circunstancias y lugar, puede ser útil, tanto para los padres y madres ya en ejercicio de tan noble misión, como para los futuros cónyuges que todavía ignoran lo desesperantes que pueden ser los niños y que, en no pocos casos, merecen, por lo menos, el sacudón psicológico de una oportuna explosión verbal, es decir, una cantaleta. De aquí que uno de mis descubrimientos pedagógicos sea esta sabia fórmula: ¡contra pataleta, cantaleta!

Un repertorio básico.
Confieso que no pude evitar mi cantaleta de recopilador, pero aquí la doy por concluida y entro a exprimir mis mejores recuerdos para presentar algunas piezas maestras de este género en Cundinamarca y Boyacá, por la época en que yo era niño. Los lectores dirán si algo hay semejante en las cantaletas típicas de otras regiones del país. Para facilitar su presentación y para colaborar con quienes estén interesados en enriquecer y aplicar su cantaleta de manera organizada en la vida familiar, las muestras seleccionadas se presentan en el orden de los días de la semana. Como es obvio, y en virtud de la espontaneidad y libertad que caracterizan a la cantaleta, los temas pueden ubicarse de la manera que le venga en gana a cada quien, y tantas veces al día cuantas sean pertinentes para el alivio de su emisor y para la mala suerte de sus destinatarios.

Opus 1: ¡Ya no aguanto más ! (Día Lunes)

Ya no aguanto más este desorden …. calzoncillos regados por todas partes, y para completar este desfile de medias y zapatos desde la entrada hasta el patio; todo botado en cualquier parte como si estuviéramos en un potrero ¿a dónde vamos a llegar? Pero claro, como saben que tienen a la mama para que les ande recogiendo el desorden y el mugre, qué les va a importar… Ya me tienen “jarta”. Ustedes son unos desconsiderados, porque a mi si me toca estar moliendo desde las cuatro de la mañana y no puedo quedarme echada como ustedes que parecen perros viejos; pero se acabó, en adelante pueden dejar sus chagüalos y todo su desorden donde se les antoje y ahí se quedará, hasta que los tape el mugre, porque yo, por lo menos, no voy a ser la tonta que siga aquí de esclava. ¿Me oyeron?

Opus 2: Habrase visto semejante… (Día Martes)

¿Habrase visto semejante altanería? Usted se me calla, y no me rezongue más… ya no falta, sino que me pegue. Ahora a la señorita (o al señor) ya no se le puede decir nada, porque le responde a uno con dos piedras en la mano… ¿Cuándo se vió que yo le hablara así a mi mamá? Uno no se atrevía ni a levantar la cara, porque desde chiquitos nos enseñaron que a los padres se les respeta. Eso será lo que aprenden en la televisión o lo que les enseñan en la universidad, pero no se le olvide que yo sigo siendo su mamá, y si le digo esas cosas es por su bien, porque uno quiere lo mejor para ustedes…. Pero eso es lo que saco por preocuparme. Allá ustedes, al fin y al cabo, ya son unos viejos que deben saber cómo se porta uno en la vida. Última vez que yo digo algo… última vez que abro mi boca… de aquí en adelante me estaré callada, así vea que se les va a caer el mundo…. Como ahora son ellos los que saben… y piensan que uno es ignorante…

Opus 3: ¿Por qué será que en esta casa... (Día Miércoles y oración para todos los días)

servidooo….ya está servidooo…. ¡ que pasen a almorzaaar…! se les va a enfriar, ¿ no oyen …??? etc. ¿Por qué será que en esta casa no pueden llegar a tiempo ni para tragar…? Todos los santos días en esta llamadera y en esta rogadera. Tener que estarles calentando, de a uno en uno, como si esto fuera un hotel. Claro, por eso es que llegan tan altos esos recibos… como si la plata nos la regalaran en la primera esquina. Pero se acabó…hay les dejo servido y que pasen cuando les dé la gana. Esa sopa ya está como un engrudo, pero será que así es como les gusta. Ellos verán… al fin y al cabo, a mi qué me importa, si ya no son niños chiquitos….

Opus 4: ¡Esto se acabó. (Día Jueves)

Esto se acabó, ustedes no van a seguir haciendo lo que les venga en gana, como si su papá y yo estuviéramos pintados en la pared. De ahora en adelante, el que quiera vivir en esta casa pide permiso, ayuda y se porta como la gente. Ya me cansé de ser la criada de todos ustedes, recogiéndoles el desorden, lavándoles los chiros, metida en la cocina y pendiente de la puerta cada vez que se largan… no, no, no, no, nooo es que ya no me falta sino estar detrás de cada uno sonándole los mocos…Pero hasta aquí fue, óiganme bien, de ahora en adelante, todo mundo se levanta temprano, tiende su cama, lava su ropa y recoge su desorden… y nada de seguir pegados al teléfono o perdiendo el tiempo como idiotizados por ese bendito televisor…. Voy a regalar ese aparato porque ya ni estudian, ahí me llamaron del colegio y no fue para felicitarme… como que van mal en todo y van a perder hasta recreo…Ay Señor, nosotros trabajando como mulas para que sean alguien en la vida… Pero eso es lo que uno saca por darles todo… Es que a nosotros si nos tocó con esfuerzo y mano dura y uno era consciente de que había que cumplir. ¡Pero ya me oyeron…y vamos a ver quién manda en esta casa …!!!!

Opus 5: ¡Qué desconcideración. (Día Viernes)

Qué desconsideración…esto ya es el colmo, todos los días llegando tarde y nosotros en esta angustia sin poder dormir y sin saber qué les habrá pasado o dónde andaban; con tanto atraco y tantas calamidades uno tiene que pensar lo peor y quedarse aquí sufriendo y contando las horas, mientras ellos están de fiesta con sus amigotes. Qué vergüenza con el Dr. Martínez, pero me tocó llamarlo a ver si sabía algo, es que si al menos yo fuera adivina o pudiera quedarme tranquila como ustedes…qué trabajo les cuesta avisar, en cualquier parte hay un mugre teléfono, pero claro, qué les va a importar esta pobre vieja.. Van a matarme a punta de estas angustias, y hasta mejor será para dejarlos tranquilos y que puedan hacer lo que se les antoje. No aguanto más (sollozos)

Opus 6: ¡Esto es el como! (Día Sábado)

Esto es el colmo… otra vez todas las luces prendidas y esta casa como un pesebre y la puerta abierta como si aquí no viviera nadie. Entran y salen como si tuvieran cachos. Todos en ese abandono, es que se los traga la pereza… Y a ninguno le importan las cosas de la casa, todo lo tratan a las patadas, miren no más esos muebles de sala que no tienen ni tres meses y ya están hechos una porquería. Pero nadie se acomide a coger una escoba o a pasar un trapo y menos a pelar unas papas o sudar un arroz, las señoritas de esta casa no tienen tiempo sino para las uñas, para el espejo y para el teléfono, todo el día en esa habladera como loras mojadas, ¿y qué irán a hacer cuando se casen si no saben ni tender una cama? Pobre marido el que les toque y quién sabe si se las aguante con semejante inutilidad….

Opus 7: ¿Qué son estas horas? (Día domingo)

¿Qué son estas horas de estar durmiendo…? ¿Las 11 de la mañana y ellos echados como perros viejos y la pobre casa patas arriba porque no se puede hacer ningún oficio…Ya son horas de almuerzo y a qué horas vamos a servir si ni siquiera han desayunado? A estas horas ya debían estar bañados y en misa, que harta falta les hace a ver si se componen y dejan esa pereza que se los traga… Ay Dios, qué fastidio verlos en ese abandono… ni que fueran ancianos o estuvieran enfermos…Bueno, bueno, se levantan, se bañan y cogen oficio…. Ya me oyeron.

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