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Cultura  |  07 marzo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Desventurado retrato de un país en ruinas

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Por Javier Zamudio

 Desventurados los mansos (Reedición Biblioteca de Autores Quindianos, 2019)

Uno de los grandes placeres de la lectura es el descubrimiento; cada nuevo libro podría asemejarse al arribo a una tierra extraña e inexplorada, y esto se aplica también para el hallazgo de un autor. En esta tierra recién descubierta es posible encontrar un mundo cercano al conocido: si llegamos a una isla en la que nunca hemos estado, no será una novedad encontrar una geografía propia de este tipo de territorio. Lo mismo sucede con los libros. 

Por eso no es de sorprender que en Desventurados los mansos, del escritor quindiano, Humberto Senegal, se encuentre uno con un trabajo narrativo que nos remita a lo leído, recordándonos a autores como Jame Joyce, Virginia Woolf y Clarice Lispector.

Este libro cumple su cometido: retrata un país que se erige, de manera vergonzosa, sobre los menos favorecidos, seres derrotados por el destino, que viven a la merced del más fuerte; y consigue esto a través de relatos organizados en varios “pisos”, como le llama el autor.

En cada uno de estos “pisos”, Humberto Senegal, da voz a los derrotados, no solo mostrando los dramas a los que se enfrentan, sino mediante unos personajes que no posan de gracias intelectuales, ni de discursos, sino que destilan toda su condición mediante la oralidad.

En este sentido, no solo atestiguamos, también escuchamos la pobreza y encontramos en su discurso un lamento que se retrae, se muerde los labios, como en La paga del arriendo tiene los puños duros, donde un padre no ve más opción para saldar el alquiler que pedir a su hija pagué con su cuerpo a Israel, el arrendatario. Este último está presente en diferentes textos. Es un símbolo del poder y sus tentáculos de corrupción. Nadie se atreve a meterse con él, porque tiene muchas conexiones en la política. 

Estos cuentos comparten un mundo: Bumba, el pueblo donde estas historias ocurren y que puede considerarse una metáfora de Colombia. De ahí que incluso pueda leerse el libro en clave de novela.

Los cuentos no solo tienen una estructura propia que les permite girar en torno a una problemática y que obliga a los personajes a moverse en función de ella; también, son piezas de un mecanismo consciente, donde el lector sigue con atención un universo narrativo que se enriquece en cada historia; y que además de los autores citados, puede recordarnos a Juan Rulfo, a Juan Carlos Onetti o a Julio Ramón Ribeyro.

Entonces, en términos estilísticos y de forma, Senegal es un autor con una propuesta estética definida: no busca que el lector se rinda ante el texto, sino que hunda las manos en él, se ensucie las uñas y cave para encontrar un espejo. En este libro no se asiste a una Colombia distinta, sino a un reflejo agreste, sin adjetivos, convulso, sacado de las tripas de los personajes.

Más adelante, por ejemplo, en Flores con cara de sapo triste, se vislumbra otra forma del poder: la religión. Un cura asesina a un joven y justifica su crimen sin escarmiento. El cuento, narrado por el padre del difunto, nos cuenta los detalles desde la voz de la pérdida y la desgracia. Los pobres son seres desamparados, incluso por la misma muerte, según las palabras del autor.

 Los habitantes de Bumba, como la gran mayoría de los de Colombia, no tienen otro recurso contra la injusticia que la resignación y la violencia. En La paga del arriendo tiene los puños duros es la misma afectada quien decide arreglar las cosas a su manera.

Además de estos cuentos, Senegal incluye una selección de textos breves, postales terribles o desoladoras, que exhiben una humanidad inmersa en un juego perverso: el destino les aplasta sin compasión y sus vidas, sin importar su origen o condición social, son un grito que nadie escucha. Gracias a esto, podemos ser testigos ocultos de esta intimidad. Algunos de estos textos son Crímenes de los cuales tenemos conocimiento, Carolina de Mónaco: dos vidas en una sola persona, postales creadas sobre atmosferas disimiles y con personajes en situaciones sociales diferentes, pero que comparten una misma tragedia: la de lo humano contra su destino.

 Humberto Senegal demuestra con Desventurados los mansos, que es un autor relevante dentro de la narrativa colombiana, un escritor que conoce el oficio literario y usa sus recursos para plantearnos una estética desde donde mirar la realidad.

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