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Cultura  |  27 noviembre de 2017  |  01:26 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

Crónica: Un sueño hecho realidad

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Un sueño hecho realidad

Esta crónica hace parte del proyecto "Nostalgia a partir de imágenes". Una iniciativa de la tertulia literaria Café y Letras Renata.

Escrita por: Mario Vargas Gallego

“Lo viejo no ha muerto y lo nuevo no ha nacido”
Antonio Gramsci

Ya para finalizar el último año de bachillerato, al profesor de español le dio por preguntarnos qué estudios universitarios pensábamos seguir, una vez obtenido el título de bachiller. Uno a uno, todos en clase, en el orden en que estábamos sentados, comenzamos a decir nuestros futuros proyectos profesionales: Ingenieros civiles, ingenieros químicos, médicos, abogados, agrónomos, economistas, administradores de empresa, etcétera.

El motivo por el cual el profesor había tomado esta iniciativa, era que nos fuéramos preparando para los exámenes de estado, pues ya era general el comentario que cada uno de nosotros se hacía frente a esta convocatoria, que enfrentaríamos sin tener una orientación por parte del Ministerio de Educación.

Recuerdo que al escoger mi profesión, “administrador de empresas”, el único chance que tenía era presentarme en la Universidad Nacional, porque la Quindío no la tenía en su oferta educativa.

A mediados de diciembre de 1969, salieron publicadas en la edición dominical del Tiempo las listas de los estudiantes aceptados. Recuerdo mi felicidad al ver el número de la ficha que me dieron el día de las evaluaciones o pruebas de examen, y a un lado mi nombre como estudiante aceptado para estudiar en la Nacional.

Siete años después, en 1976, al recibir mi diploma de egresado, luego de cinco años académicos y dos de cierre (cuatro semestres), no solo me formé académicamente, sino como ser humano crítico, contestatario y no indiferente a la situación política, económica y social de mi país.

La fotografía que vemos, es la primera que me tomaron una tarde después de estar posesionado, a la salida de mi jornada de trabajo, cuando en compañía de un amigo de la oficina, realizábamos el famoso septimazo en Bogotá.

En realidad antes había realizado ya otros septimazos como estudiante de la Nacional en marchas de protesta, escudado por la policía y el ejército. Por ejemplo, en mis recuerdos, está la gran marcha que realizamos contra la privatización del hospital San Juan de Dios, llamado La Hortúa. 

Pero retornando al septimazo de la foto, caminábamos de seis de la tarde hasta las once de la noche, entrábamos al museo de arte moderno, íbamos al sauna, a cine al Teatro Colombia, con los años “Jorge Eliecer Gaitán”, a la cinemateca distrital o a la alianza colombo francesa. Tampoco se podía dejar de lado la compra de un long play o casetes de todo tipo en las casetas de la calle diecinueve, donde además de lo anterior, se encontraban periódicos y revistas de todo el mundo.

Se podía comer en el restaurante “El Envigadeño” o para rematar, antes de irse a casa, se podía degustar “un chocolate santafereño” con pan y queso en la cafetería La Florida, si era que no se tenía programado ir de rumba a los bares y tabernas, abundantes como “El Rincón Caleño” o “El Goce Pagano”.

Así entonces, como se puede apreciar en la foto, se cumplió mi sueño. Ser administrador de empresas de la Universidad Nacional y salir a darme un septimazo sin escoltas y con un mínimo poder adquisitivo. “Sueño, luego existo”.

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