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Cultura  |  30 diciembre de 2017  |  01:14 AM |  Escrito por: Robinson Castañeda

Crónica: La Hoguera de los condenados

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Crónica: La Hoguera de los condenados

"El año pasado cuando expulsaron a toda esa gente de Venezuela, me encargaron como seis muñecos del Presidente Maduro".

Por Robinson Castañeda.

Doña Nelly incrusta la aguja capotera con hilo del grueso en la piel de tela de su paciente. Lo hace con mucho cuidado de no irse a chuzar un dedo, mientras este se encuentra acostado en una especie de quirófano temporal. Aunque lo de “paciente” es más un decir, pues él no habla, no opina, no se queja del dolor y no existe la más mínima intención de que esto sucesa en verdad. Mientras tanto ella, muy laboriosa, va dándole puntadas por todo el cuerpo para que la forma y estilo de su obra se empiecen a ver.

En sus más de 55 años, calculando porque a las mujeres no se les pregunta nunca la edad, la protagonista de esta historia es madre de dos hijos y tres nietos, estos últimos a los que prácticamente dice haber criado. Es fuerte y su tenacidad se le nota en las manos hábiles para lu labor, aunque la fortaleza no es tanto del cuerpo sino más bien del espíritu.

Mientras le pule las caderas al paciente, se parece más al doctor Víctor Frankenstein intentando darle vida a un monstruo que nace condenado a la hoguera de las vanidades como ritual de fin de año.

Y es que en esto de hacer muñecos de año viejo, como se les llama en Colombia, doña Nelly Castaño Pava ya tiene la experiencia de 20 años. Comenzó a finales de la década de los 90 cuando su yerno, quien en ese entonces laboraba descargando camiones en el sector del barrio arenales, en Armenia, le dijo que se pusieran a hacer esos muñecos, que eso daba plata. A ella le sonó la idea y más porque nunca en su condición económica, unos pesos de sobra le vienen mal.

Todos se van:

En los siguientes 19 años tuvo de forma temporal y por no más de un mes, una microempresa en la que se llegaron a hacer cerca de 150 a 200 muñecos de año viejo para cada 31 de diciembre. Por ese entonces estaban en ese oficio sus dos hijos, un sobrino y el yerno que también la ayudaba y fue quien le enseñó cómo armarlos.

Eran épocas de muchas ventas y se permitía que los muñecos tuvieran por dentro pólvora para que fueran el espectáculo a la hora de llevarlos a la hoguera a purgar su condena. Ya hoy a ella le da miedo lo de la pólvora y prefiere, como lo expresa en sus palabras:

“cuidarme de ir a parar a la guandoca”.

Después de que llegaron las prohibiciones de los juegos artificiales, junto con los otros trabajos de sus familiares, se fue quedando sola, como le pasó en este diciembre, donde solo ha hecho 30 ejemplares de los cuales, al momento de escribir esta crónica, nada más ha vendido seis. Ganancias que se van directo al pagó del recibo del gas, algunas compras para el mercado, algo de ahorro para el arriendo y espera que hoy 30, a horas de cerrar temporada, las ventas se le den un poco mejor para poder completar lo de las facturas de energía y el agua.

La labor para en este 2017:

En esta previa de año nuevo solo le ayuda su hijo, quien cuida todas las noches del cambuche improvisado con plásticos que armaron hace unos días y el cual es la fábrica y punto de venta, pues no son los únicos que arman y comercializan los muñecos de año viejo. En este lugar desde hace ya varios años los mercaderes y rebuscadores de la vida han venido haciéndose populares, tanto, que hay familias completas dedicadas por unos días a la elaboración de estos condenados a muerte que sirven de desahogo y simbolo de lo que ya se fue. El sector es algo así como un complejo manufacturero cerca de la glorieta de tres esquinas, en la vía al Estadio Centenario.

Con lujo de detalles:

Doña Nelly dice que en un día se arma por lo menos tres muñecos sola. Y es que no es fácil darles forma ni presencia pero lo logra. A las mujeres les pone senos, caderas, nalgas y les pinta la cara con marcadores, les arregla el pelo o mejor, la peluca, para que se vean presentables a los clientes.

A los modelos de los hombres también les pone mucho detalle. Algunos llevan gafas, cámaras fotográficas, relojes, pulseras y sombreros. Esos que tienen todos esos lujos, sin importar el género, cuestan 50 mil pesos. Los más sencillos valen 30 o 25 mil. Todos están rellenos de pasto seco, el cual es difícil de conseguir en estos días de lluvias por contrato en los que se pasan las tardes de Armenia, y por eso toca ponerlo a secar como pueda y donde pueda.

La antesala y los insumos:

El negocio de elaborar los muñecos de año viejo se inicia a mediados de noviembre para tener mucho material adelantado, pues las ventas buenas dentro de esta micro temporada es de solo tres días, los últimos del año. No se sale antes a la calle a exhibirlos porque todo se enfoca es para la navidad. Ya luego del 26 de diciembre, en el sector de tres esquinas empiezan a comercializarlos.

Los insumos de ropa y accesorios de los condenados que hace doña Nelly se los provee un sobrino quien trabaja como reciclador. Ella es la encargada de los atuendos los cuales saca de su venta de ropa de segunda que tiene en el barrio Santander desde hace muchos años y donde vive. Durante todo el año va mirando que le puede servir para el menester decembrina.

¿Y los muñecos que se quedan?

“Trabajamos siempre los 31 de diciembre hasta faltando unos 15 minutos para las 12. Por ahora gracias a Dios no se nos quedan muchos. Por ahí unos dos y pues los quemamos nosotros”.

En el tintero:

Mientras terminamos de hablar, ella culmina su primera obra del día diciéndome que son los turistas los que más compran. Gente que pasa, los ve, se antoja y se lleva los muñecos para un chalet donde cumplen su destino de terminar en cenizas.

“Allá si ellos le meten pólvora, no es mi problema, lo que si es que los turistas son mejores compradores, la gente de aquí no tanto como en otros años”.

¿Y cuál es el modelo de muñeco que recuerda le hayan encargado, así como de no olvidar nunca?

"Pues por modelos no los hago parecidos a nadie porque no soy capaz. Eso es muy duro, pero el año pasado cuando expulsaron a toda esa gente de Venezuela, me encargaron como seis muñecos del Presidente Maduro. ufff, Claro que los hice y eso fue muy bueno".

Lo dice mientras suelta una risa tímida pero complice, dando a entender que lo disfrutó al igual que sus compatriotas.

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