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Cultura  |  25 octubre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

¿Quién escribirá nuestra historia?

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Gloria Chávez Vásquez*

Por más de un siglo, los exiliados del mundo han dejado testimonio escrito y visual de los crímenes perpetrados por los regímenes totalitarios. Aunque las historias son conmovedoras, las masacres cometidas por iconos del mal como Hitler, Stalin, Mao, o el Che Guevara, solo han servido para convertirlos en ídolos e imágenes fashionistas. Es como si la insensibilidad fuera la norma o como si existieran dos humanidades diferentes: una que vive en la realidad y otra en estado de negación total.

Who Will Write Our History? Es un documental sobre el Holocausto que se estrenó mundialmente en 2020 y ahora puede verse en el canal de Discovery y en Utube en español. Es una historia que se repite cada vez que se dan las condiciones sociales y políticas, Como dice el dicho, “En las ideologías utópicas, tu entras con un voto, pero solo puedes salir pagando el precio en sangre”.

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Al comienzo de la II Guerra Mundial, Rachel Auerbach tenía ya comprado su boleto para dejar Polonia y reunirse con su familia que había escapado del régimen nazi, cuando recibió la propuesta de su vida: quedarse en Varsovia para ayudar a las víctimas de Hitler.

Desde 1930, cuando apenas era un agitador, Adolf Hitler había convencido a una gran parte de la población alemana, que era hora de cobrarle al mundo, la humillación que había sufrido el país tras su derrota en la primera guerra mundial y con el Tratado de Versalles. A pesar de ser judío, víctima de un gran complejo de inferioridad, renegó de sus raíces y culpó a todo un grupo étnico de sus miserias personales y colectivas. Con la ayuda de fanáticos, ignorantes y matones, instigó a una “limpieza racial”. Todo aquel que fuera débil o diferente, perecería bajo la envidia e inquina de sus vecinos, enemigos personales y los métodos de exterminio creados por los sádicos del partido nazi.

No solo judíos, sino discapacitados, homosexuales, gitanos o cualquier otra raza que no fuera aria, políticos e intelectuales que no pensaban como ellos. Se les encarceló y sometió a trabajos forzados. Finalmente, se les masacró y enterró en fosas colectivas o se les envió a campos de concentración donde fueron gaseados y cremados de manera industrial.

Rachel Auerbach, (1903-1976) era una destacada periodista judía de origen ucraniano, cuya familia había emigrado a Polonia y la propuesta venía con un propósito: trabajaría como voluntaria en uno de los comedores populares, pero su misión real era reportar el día a día del terror y el hambre que padecían los habitantes del gueto.

Emmanuel Ringelblum (1900-1944) era historiador y acababa de formar el grupo Oyneg Shabes (“La alegría del sabático”). Su labor consistía en recoger material informativo para enviar al mundo libre y contrarrestar así, la propaganda nazi que trataba de desacreditar a los 5 millones de judíos polacos y justificar sus acciones criminales con mentiras.

El material se guardaba en cajas de lata y cilindros de leche y formaba el archivo clandestino, más tarde enterrado en tres partes diferentes. Sólo 5 personas sabían dónde encontrarlos.

Los colaboradores de Ringelblum eran intelectuales, escritores, historiadores, rabinos, periodistas, artistas, maestros y trabajadores sociales que reunieron escritos de hombres, mujeres y niños de toda la escala social. Los archivos constaban de diarios, cartas, monografías, fotografías, documentos, periódicos y dibujos.

Durante esos años y bajo condiciones extremas y riesgosas, el grupo recopiló testimonios con la esperanza de contarle al mundo sobre el infierno que se vivía en Polonia. El mundo se negaba a creer que los nazis hubieran hacinado a casi medio millón de judíos en el gueto de Varsovia y estuvieran en el proceso de exterminar al resto de esa población en los campos de Treblinka. Para el historiador era cuestión de vida o muerte, y un acto de valentía, ética y moral. Cualquier información que los nazis tuvieran del archivo, sería una condena a muerte. En efecto, los miembros fueron capturados gradualmente y enviados a Treblinka o Auschwitz.

La verdad surgió después de la guerra. El empeño que Ringelblum puso para preservar el registro de la vida judía (y que el mundo no olvidara a esos seres humanos sometidos a los más bajos instintos de un régimen enloquecido), dio fruto, resistiendo así a la destrucción causada por los nazis.

De los 60 miembros de OS solo tres sobrevivieron al Holocausto, entre ellos Rachel Auerbach quien se dedicó a recuperar los archivos del gueto de Varsovia. Dos partes del archivo fueron rescatadas después de la guerra, pero la tercera no ha sido hallada, debido a que los nazis quemaron el gueto y luego lo demolieron. La búsqueda persiste utilizando el sistema arqueológico. En 1950, cansada de las restricciones, el asedio y la opresión de los comunistas soviéticos, entonces amos de Polonia, Rachel se asiló en Israel donde continuó su labor de historiadora.

Aunque muchos ignorantes y malintencionados persisten en negar el Holocausto, la veracidad de los hechos narrados, la calidad del material conservado, lo inédito de las historias sigue despertando la conciencia de los más sensibles. Basta acercarse a los innumerables museos erigidos en los países mas adelantados y conscientes de los daños que puede causar el fanatismo disfrazado de ideologías utópicas.

Who Will Write Our History? ¿Quién escribirá nuestra historia? Es un documental dramatizado. Una coproducción polaco- estadounidense dirigida por Roberta Grossman y producida por Nancy Spielberg (2018), basada en el libro de Samuel Kassow, que describe las dantescas situaciones que tomaron lugar dentro del Gueto de Varsovia. Es, además, evidencia de la crueldad y psicopatía nazi y un testimonio elocuente de sus víctimas.

Tráiler: 

*Gloria Chavez es escritora, periodista y educadora residente en Estados Unidos.

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