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Cultura  |  25 septiembre de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Administrador web

Mis primeros recuerdos de la radio

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Este texto fue escrito por Luz Marina Arias G, y hace parte del libro antológico La radio en el Quindío

Mis primeros recuerdos de la radio me remiten a mis siete años aproximadamente, cuando mis padres se levantaban de madrugada a cumplir con sus labores. Su compañía era un pequeño radio marca “Sanyo”, colgado cerca de la cocina.

Nos llamaban a mi hermano y a mí, muy temprano en la mañana, para alistarnos y luego desplazarnos a pie hasta la escuela que quedaba a aproximadamente a tres kilómetros, por carretera destapada rodeada de frondosos guamos, plataneras y cafetales.

Mientras nos alistábamos, nos acompañaba la música de “Radio Ciudad Milagro”. Canciones como “La Martina”, “Las Mañanitas”, “Me importa poco”, “El Corrido” de Lucio Vásquez o “El Hijo Desobediente”, no podían faltar en el repertorio de cada día.

En la hora de almuerzo, transmitían “La Ley Contra el Hampa” y en las tardes cuando llegaban los trabajadores después de cumplir su jornada, mientras comían, escuchaban las aventuras de “Kalimán, el Hombre Increíble” y, posteriormente, “Arandú, el Príncipe de la Selva”; historias que ponían a volar nuestra imaginación, mientras el narrador se esmeraba por describir en detalle, cada lugar y las acciones de los personajes.

También, recuerdo las radionovelas que escuchaban mi madre y mi hermana mayor, aunque mi padre se mostraba reacio porque para él era una “pérdida de tiempo”. Sin embargo, una noche, como de costumbre, estaban transmitiendo una novela llamada “Natacha”, y mi padre sin querer, por estar a esa hora en casa, la empezó a escuchar y le robó tanto su atención, que no se la perdía y la escuchaba cada noche mientras tomaba su merienda junto a los trabajadores de mayor confianza. Algo de esto yo escuchaba, pero por ser pequeña no era mucho el cuidado que le ponía a las radionovelas.

Después, recuerdo que mis padres se trasladaron a vivir a otro lugar, mucho más lejos, razón por la cual mis hermanos y yo dejamos de estudiar por largo tiempo. Allí mi madre consiguió otro radio más grande.

Cuando tenía diez años, empezaron un programa en “Todelar” a las cinco de la tarde de cuentos para niños, y obviamente atrajo mi atención. A esa hora me apoderaba de uno de los radios de mamá y sentada sobre leños secos en el patio, escuchaba mientras contaba hasta más de dos mil, las bandadas de garzas blancas que pasaban bajo el cielo cada tarde, provenientes de los arados que, en ese entonces, eran grandes terrenos preparados para la siembra de soya, frijol caraota, maíz y millo.

Luego de escuchar el cuento, lo transcribía a un viejo cuaderno tal y como lo había escuchado, tratando, eso sí, de no perder los detalles más importantes… esto me entusiasmó a escribir ya que no tenía libros de cuentos.

También recuerdo que existía “Radio Sutatenza”, emisora en la cual, al final de la tarde, transmitían “El Bachillerato por Radio” de lunes a viernes. Me gustaba escucharla, y aunque no contaba con materiales, fue mucho lo que aprendí.

A mis doce años, una emisora llamada “Radio Melodía”, transmitía música romántica a las ocho de la noche, generalmente baladas. Con mi hermana nos peleábamos el radio a esa hora. Artistas como Sandro, Beto Fernán, Claudia de Colombia, Valen, Leo Dan, Raphael, entre muchos otros, nos alegraban la vida.

Los sábados y domingos en la noche, era mi hermano el que tomaba el radio para escuchar “música bailable” y armábamos “orquesta” con carrascas, maracas, unos cuantos tarros y palillos para acompañar canciones de Rodolfo Aicardi, Gustavo “El Loco” Quintero, Nelson Henríquez, Pastor López, Nelson y sus Estrellas y todos los artistas del momento. No teníamos televisión, así que esto era la máxima diversión.

Pasado algún tiempo, mis padres volvieron a vivir un poco más cerca de un “pueblo” donde había escuelas y un colegio. De esta manera, pudimos volver a estudiar.

Siendo mayor, y después de terminar mis estudios de bachillerato, comencé a trabajar. Con mis primeros sueldos, compré una grabadora, para mí una gran compañía, porque además de disfrutar de la música, podía estar al tanto de las noticias del país y del mundo entero.

También, me gustaba escuchar la Emisora Cultural de Pereira “Remigio Antonio Cañarte”, porque en su programación nocturna podía aprender muchas cosas y repasar otras tantas.

Aún, hoy, me gusta la radio. Es esa compañía que puedo llevar a cualquier lugar y a la cual le atribuyo, en gran parte, el despertar de mi imaginación, la motivación por la lectura y la escritura que he tenido desde niña.

 

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