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Editorial  |  14 noviembre de 2018  |  12:00 AM

La Gran Guerra y el Quindío

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El pasado 11 de noviembre con la presencia de más de 70 mandatarios de diferentes naciones, se celebró en París, Francia, el centenario de la firma del armisticio que puso fin a las hostilidades en el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial, conflicto que había estallado el 28 de junio de 1914 y que se prolongó hasta 1918, dejando un saldo de 10 millones de soldados y 6 millones de civiles muertos.

La también llamada La Gran Guerra, tuvo como escenario a Europa en donde se enfrentaron los Aliados integrados por Francia, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos, y los Imperios Centrales liderados por Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y el imperio Turco u Otomano, territorios que sufrieron el rigor de la guerra con la pérdida de seres humanos y un profundo déficit en sus economías.

Es de anotar que fue con el Tratado de Versalles, que se firmó en la ciudad de Versalles por más de cincuenta países, que se puso fin a la Primera Guerra Mundial. Dicho tratado terminó oficialmente con el estado de guerra entre la Alemania del segundo Reich y los Aliados y fue firmado el 28 de junio de 1919 en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, y entró en vigor el 10 de enero de 1920.

En Colombia la Primera Guerra Mundial coincide con el proceso de industrialización y fue beneficioso ya que el país obtuvo un “importante superávit comercial con exportaciones por valor de US$ 42 millones e importaciones de US$32 millones, es decir, la guerra detuvo las importaciones que venían de Europa, siendo compensadas en parte por Estados Unidos, con lo cual la industria local pudo abastecer una mayor parte del mercado interno y exportar a otros países vecinos. Fue un periodo de excepcional bonanza industrial”. Esta situación se invierte en los años 20 cuando las importaciones superaron en gran medida las exportaciones.

Pero en realidad fue la producción cafetera la que le dio mayor impulso al proceso de industrialización. A partir 1870 Colombia inició su pasó paulatino del cultivo de tabaco al cultivo de café. Los precios internacionales de la hoja de tabaco habían caído, lo que obligó a los campesinos a dedicarse a la siembra del grano, que para finales de ese siglo XIX había empezado a despegar en las pequeñas parcelas ante el fracaso en las grandes haciendas de Santander y Tolima, sobre todo por problemas sociales relacionados con la modalidad de servidumbre.

El 1903, después de la pobreza que había dejado el conflicto bipartista de la Guerra de los Mil Días, fue el café el que le dio la mano al país. Muchos de los caficultores que habían acumulado ganancias emprendieron la compra de maquinaria para la industria que tuvo su auge y arranque definitivo en Antioquia, Bogotá y Barranquilla.

Caldas multiplicó la producción de café en un 73.4 % en 21 años, de 1892 a 1913, siendo la región del Quindío, que pertenecía a este departamento, una de las mayores productoras sobre todo el recién creado municipio de Armenia.

Es de destacar que Armenia desde mucho antes de ser erigida como municipio de Caldas había iniciado un proceso, un embrión de industrialización que lamentablemente decayó para los años 50.

Hubo una pálida relación del periodo de la Primera Guerra Mundial con ese embrión de industrialización que se dio en Armenia, pero sobre todo después de la Depresión Económica, luego de los años 30, se tuvo la oportunidad de convertir a la ya llamada Ciudad Milagro en un emporio industrial hecho que no se pudo concretar. El monocultivo del café tuvo mucho que ver con este fracaso, no obstante fue el bastión para que tanto la ciudad como después el departamento llegaran a estar entre los mayores productores del grano. El Quindío “Joven, Rico y Poderoso” le aportó a Colombia durante muchos años grandes divisas con el café, primer producto de exportación del país.

Hoy, un centenario después de La Gran Guerra y más de 115 años de esa mini bonanza cafetera, la región del Quindío se debate entre el desempleo y la corrupción. Armenia su capital, una de las localidades con mayor pujanza y progreso ha entrado en un retroceso lamentable, con contradicciones palpables como la cantidad de personas e incluso familias que prefieren la indigencia, mientras el café se pierde en las fincas por falta de recolectores; con agencias de empleo implementadas por entidades oficiales y privadas, mientras ocupamos los primeros lugares en desempleo a nivel nacional peleándonos el podio con el Chocó. Sin duda, hemos retrocedido en bienestar social, aunque los nuevos edificios nos hablen de progreso.

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