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Editorial  |  10 enero de 2020  |  12:00 AM

Urge un hospital público para animales

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Tanto el gobernador del Quindío Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas, como el alcalde de Armenia José Manuel Ríos Morales hablaron en sus discursos de posesión de trabajar en pro-de los animales. No precisaron si las mascotas domésticas o los animales en general, porque en el Quindío aún subsisten, algunos en condiciones muy precarias, muchos animales salvajes.

En el Quindío existen refugios para animales, uno de ellos de la propia Corporación Autónoma Regional del Quindío, a donde llegan animales salvajes rescatados por unidades de la Policía Ambiental o por cualquiera otra autoridad. También hay muchos refugios de perros, casi todos sostenidos por personas particulares o por fundaciones dedicadas a este oficio. Y, a decir verdad, en muchos de esos refugios los animales no son tenidos de la mejor manera.

El gobernador habló de parques para perros, dijo que va a construir varios de ellos. ¿Esa es la urgencia para la atención a las mascotas en el Quindío? Creemos que no. Y no se puede equivocar el gobierno en este tipo de infraestructura. Lo que necesita con urgencia el Quindío es un hospital público para animales.

El amor que ha devenido hacia los animales con la modernidad ha provocado un negocio redondo para clínicas, farmacéuticas y comercios de comida de perros y gatos, especialmente. Se ve de común a la gente sacar sus tarjetas de crédito para pagar las consultas, las operaciones, los medicamentos y la comida para sus mascotas. Todo esto lo maneja el sector privado, incurriendo, en ocasiones, en precios altísimos para muchos tenedores de perros, gatos, loros y otros animales.

Como la tenencia de mascotas se volvió en algo tan común, es urgente, señores gobernador del Quindío y alcalde de Armenia, que unan esfuerzos y creen un hospital público de animales en Armenia, donde la atención a gatos, perros, y otros animales sea gratuita, o por lo menos subsidiada, lo mismo que las intervenciones quirúrgicas como los medicamentos. No es suficiente con suministrar las vacunas, hay que hacer mucho más, y ese esfuerzo tiene que orientarse a la creación del hospital público para animales.

Dios no quiera que vivamos en el Quindío una emergencia como la sucedida en Australia, pero todo es posible. ¿Dónde se van a atender los animales salvajes, que no tienen dueño? ¿Quién va a costearles la clínica privada de animales? En el pasado terremoto de Armenia, hace 21 años, no hubo cómo atender a los animales heridos. Nos olvidamos de ellos, los dejamos morir.

Necesitamos un hospital de animales que, además de atender las emergencias que surgen a diario, tenga programas de esterilización de perros y gatos para frenar la proliferación, especialmente de animales callejeros. Una ciudad culta es una ciudad donde no hay animales en sus calles y andenes. Pero, también, un hospital con un programa de educación a los tenedores, porque por ahí comienza la cultura con estos compañeros de viaje en el planeta.

Armenia es una ciudad de 53 relictos boscosos. Allí hay zorros perrunos, zarigüeyas, guatines, armadillos, perezosos, iguanas, serpientes, chilacoas, gran variedad de aves, entre otros animales. Sin embargo, en Armenia estamos perdidos en el trabajo para su conservación y ofrecerles condiciones dignas de vida. Todo esto será posible con los programas que nazcan dentro del hospital público para animales en Armenia.

Si los dos gobernantes quieren trabajar por los animales, ahí está el reto. Manos a la obra, Armenia necesita con urgencia un hospital público de animales.

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