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Editorial  |  16 octubre de 2017  |  12:00 AM

‘A mí que me esculquen’

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Hacía mucho rato que no escuchábamos dos discursos tan coherentes y acordes con el momento que estamos viviendo en el Quindío y el país. El primero de ellos fue pronunciado por el gobernador del Quindío Carlos Eduardo Osorio Buriticá en la inauguración, el pasado 13 de octubre, del nuevo palacio de Justicia de Calarcá. El segundo lo entregó al público el obispo de la Diócesis de Armenia monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz en el tedeum de la celebración de los 128 años de fundación de Armenia, en la iglesia del Espíritu Santo el pasado sábado 14 de octubre.

Frente a un público de jueces, fiscales, magistrados, incluyendo la presidenta del Consejo Nacional de la Judicatura, el gobernador Osorio hizo una sesuda reflexión sobre la justicia y la necesidad de rescatar sus principios. Dijo que la evolución del hombre nos enseñó no solo que pasamos del mono al homo sapiens, sino al homo amantis, en el sentido de que el hombre que ama de verdad debe buscar la reconciliación y el perdón. O, en otros términos, solo piensa el que ama. Y amar es la esencia de la vida.

Infortunadamente, sostuvo el gobernador, volvimos al hombre del garrote, a las cavernas, a aquel que solo piensa en pelear por un bocado de comida, es decir ‘por un contrato’ con el Estado. Les recordó una frase del alcalde de Armenia Carlos Mario Álvarez, que dijo hace unas semanas que en el Quindío cambiamos la ética Kantiana por la ética traquetiana. En realidad esta es una dura crítica del gobernador al tema de la corrupción en la esfera de la justicia colombiana, pero también en todos los estamentos del gobierno.

Es necesario pronunciar una vieja frase, advirtió el gobernador: ‘A mí que me esculquen’. Lo dijo haciendo alusión a que todos deberíamos de prestar nuestro concurso para que se sepa cómo se realizan las cosas desde el gobierno. Mencionó a algunos columnistas de prensa y sostuvo que se han dedicado a sembrar cizaña, esparciéndola por todas partes con la misma facilidad con que se esparce la mantequilla por la tostada. Tiene razón el gobernador con lo de la cizaña, pues, infortunadamente, a través de los medios de comunicación y mucho más de las redes sociales, se dicen cosas sin medida, sin investigación y sin criterio, lo que enloda, ensucia y, por supuesto, daña a instituciones y personas.

Hizo un llamado el gobernador a las universidades para que se dediquen muchos más a la ética. Puso el ejemplo de los estudiantes que hacen trampa en sus exámenes, y los profesores ni las universidades dicen nada. “No olvidemos que las instituciones son sagradas y las personas pasajeras”, les dijo a jueces y magistrados, aludiendo a la consagración ética que debe tener toda persona para conservar el prestigio y la dignidad de las instituciones.

Recordó el gobernador los tres principios del antiguo Derecho Romano, que a decir del mandatario, se han ido perdiendo: vivir honestamente, no dañar a los demás y dar a cada uno lo suyo. “De manera que a mí que me esculquen”, pidió el gobernador. Y nos parece justo que lo haga, y que lo investiguen, para que, como él ha dicho, la justicia pruebe y vigile su comportamiento en su cargo. Pero que también se haga con todo el mundo.

El otro discurso importante, el del obispo, se centró en la reconciliación. Y destacamos un par de frases importantes. La primera, aquella de que quien ofende al hombre ofende a Dios, y si en Colombia hemos ofendido constantemente al hombre, pues no hemos dejado de ofender a Dios.

Y se refirió a aquellos que no han querido aceptar el proceso de paz en Colombia, diciendo las siguientes palabras: “Para algunos 60 años de guerra es poca cosa, ¿necesitamos 60 años más? Es hora de sanar las heridas, ¿cuántas heridas aún siguen sangrando?, ¿hasta cuándo en los corazones y las mentes de los colombianos seguirán los odios? Es hora de tender puentes, muchos puentes están rotos y hay que volverlos a levantar”.

“No tengan miedo de ofrecer y pedir el perdón. Este país no puede seguir viviendo del pasado, en un manantial de malos recuerdos para justificar los actos del presente. No se resistan a reconciliarse, no se resistan a acercarse, a reencontrarse con los hermanos, para superar las enemistades”, planteó el obispo Salas Anteliz.

Estamos seguros que si todos los colombianos, y los quindianos, acatamos las directrices de estos dos discursos y los dispersamos en nuestro entorno, podemos contribuir con dos propósitos fundamentales: afincar la paz y sacar de nuestras vidas la corrupción.

 

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