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Columnistas  |  20 noviembre de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Jaime Lopera

Maquiavelo en la gerencia

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Jaime Lopera

No faltaba más que Maquiavelo fuera un político bienvenido en la literatura gerencial. Lo que muchos ignoran son los pormenores de una vida que transcurrió entre ser leñador, comediógrafo, traductor del griego y jugador de lotería; también se olvida que su amistad con Leonardo Da Vinci lo hizo testigo furtivo de la cercanía del pintor con la Monalisa.

No obstante, Stanley Bing y Anthony Jay hicieron esfuerzos por acomodar los pensamientos políticos del florentino a las condiciones de la organización moderna. Sobretodo dando a conocer las reglas de manipulación que hacen posible la permanencia en el poder en las empresas donde, por iguales motivos, los consejos de Maquiavelo sirven tanto al ascenso en la pirámide privada como en la pública.

Muerto a los 58 años, este importante escritor y diplomático italiano creó una doctrina de pensamiento político solo con describir el comportamiento de Lorenzo de Médicis y de Cesar Borgia en sus tretas para elegir como Papa a Julio II. Así escribió las lecciones de El Príncipe donde, en 1521, llegó a reconocer que no creía ni en lo que decía y que si decía una verdad él mismo la escondía entre las mentiras.

La famosa expresión de que “el fin justifica los medios”, atribuida calumniosamente a Maquiavelo, se reivindicó cuando se hallaron, entre los papeles de Napoleón, los reales orígenes de dicho aforismo escritos por el corso: “Que importa el camino, con tal que se llegue”.

Los gerentes, sin embargo, han adoptado muchas de sentencias maquiavélicas similares para justificar hoy los hechos de la competitividad. Decir que “un príncipe no debe tener otro objetivo ni otra preocupación, ni debe considerar como suya otra misión que la de la guerra”; o que “la crueldad está bien usada cuando se la emplea una sola vez por la necesidad de afianzar el poder y después no se repite”, son consejos para las condiciones a menudo descaminadas de la globalización que nos agobia.

Para los consejeros del gobierno, sin embargo, hay recomendaciones más graves, como aquella de que el Príncipe debe hacer “lo necesario para vencer y mantener el Estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y alabados por los demás”. Después de leer esta exhortación, son muchos los gobernantes que se aplican (equivocadamente) a esta causa. Por estas costuras es que comienzan las intenciones de las tiranías.

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