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Columnistas  |  15 diciembre de 2019  |  12:15 AM |  Escrito por: Mario Ramírez Moncada

Fábula opus 40: “El juramento, y el libre albedrío del hombre”

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Mario Ramírez Moncada

 

Érase una vez, un joven, que sintió el llamado en su corazón, por el “invisible” y corrió ansioso hacia aquel monasterio para estudiar el gran libro. Y sí, tocó el portón y en abriéndose, en frente 7 personajes de aspecto reverente, preguntaron a una, al joven “a qué vienes joven”, y ellos mirándole de hito en hito, el joven contestó: me abrazan los celos, por amor al “altísimo”, y ansía mi corazón el estudio del gran libro, sigue, le respondieron los venerables hombres. Y de ahí al instante, empezó la enseñanza y el estudio, del gran libro; oye pues, vivirás en austeridad, de cuerpo, de corazón, y pensamiento, aprenderás la sencillez y humildad de la vida terrena, porque el hombre tiene un límite en sus días terrenales, nómadas, y peregrinos del mundo, escuchad, le decían los venerables, hoy estamos, y mañana no estamos. Ven, y verás los escritos del gran libro y los analizarás y los meditarás. Este es la compilación, de la historia del mundo, y de los cielos y de aquel Ser Supremo, “el Invisible” que todo lo hizo, a solo la voz suya y que tiene su morada arriba en los altos cielos, hacia el oriente.

Bien, el gran libro le enseñó al joven, que “el invisible”, prometía, según las enseñanzas y preceptos a seguir, la inmortalidad para el hombre, en el día destinado por “el invisible”, alegría y paz, para los puros; sufrimiento y amargura para los impuros.

Así transcurría el tiempo, del joven, entre meditaciones, lectura y enseñanzas, le hablaron con mucho timo y delicadeza, de un “hombre” que vino a demostrar lo que le es grato al “invisible”, pureza de vida, sencillez, humildad, castidad, buen vivir. Le dijeron al joven; vive en el mundo, como si no vivieras en él, contentate con tu vestido y tus alimentos, y ya eres rico.

Bueno, le dijeron que este “hombre” (estaba consustancial con el invisible, y siendo inmensamente rico, se hizo pobre, para enseñar y dar las instrucciones necesarias, para merecer la vida inmortal; en clara idea, “sed santos, porque yo soy santo”. Y lo demostró. Y en la enseñanza y la meditación fue mucho lo que le advirtieron, sobre un ser de maldad, aclarándole que este ser perverso no podía actuar si la voluntad del invisible lo quería. Pero con todo, este ser de maldad es poderoso, y manipulador de los corazones humanos, el malvado. Le dijeron al joven, que, este ser utilizaba, la codicia, la lujuria, las iras, en resumen la soberbia en todas sus formas, y que lo hacía, muy sutil.

Le hablaron, que hubo un antiguo mundo que había sido anegado por las aguas en la totalidad de la tierra, porque el hombre actuó contra natura, y se pervirtió y así el invisible, castigó la tierra, sólo salvó una familia y de todos los animales en sus especies, par por par.

Y así transcurrió la estadía en el monasterio, para aquel joven.

Y finalizó los estudios y lleno de conocimientos en su corazón sintió el juramento y boca abajo cual largo contra el polvo, los venerables le preguntaron, cómo has visto y leído el gran libro, mira la reverencia, lo augusto con que debes tratar al invisible, porque a “Él”, no hay forma de engañarlo, él todo lo sabe, y todo lo ve, no hay cosa secreta para el invisible, ni aquí en la tierra ni en el espacio sideral.

Y el joven, en saliendo cinco (5) pasos fuera del portón del monasterio, fue llamado por última vez, y advertido, escucha pues joven: sé, de vida recta, como lo tienes enseñado en tu corazón, no te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda, porque “hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.

Y su corazón refocilado y lleno de conocimiento, se fue a predicar, de pueblo en pueblo, aquí y allá, y en esos ires y venires, se fue formando el hombre y se definió y empezó la lucha fuerte, recordaba en su corazón lo advertido por los sabios; que el hombre es espíritu y carne, que el espíritu está presto a retirarse del mal, pero la carne es flaca, en conclusión, el espíritu está dentro de una vasija de barro que todo lo perturba y que manipula el malvado muy a su gracia y maldad.

Y así aquel joven, ya hombre, sintió en su corazón los deseos terrenales que le atraían, pero invocaba el conocimiento de no ambicionar nada terreno, el invisible todo lo sustentaba.

Y siguió en su prédica, y vio al pueblo abajo y al pueblo al frente y al pueblo allá en las alturas, y diferenció los placeres terrenales, de los unos y los otros, y así mantenía su férrea voluntad. Escuchando en sus pensamientos las palabras de aquellos venerables, “vive en el mundo, como si no vivieras en él”. Entonces la voluntad del invisible permitió que lo zarandeara el malvado, para ponerlo a prueba, y no demoró, en desmoronarse aquella dicha férrea voluntad, le vino al pensamiento aquellas palabras de los sabios; “todo aquel que coge el arado, y mire hacia atrás, no es apto para el reino futuro de los altos cielos, prometido en el gran libro”.

También le resonaba en los oídos, los consejos de aquellos venerables; conociste joven, el bien y el mal, también del libre albedrío, todo está en tu corazón, mira, oía el joven, he aquí el agua, he aquí el fuego, he ahí el bien, he ahí el mal, de lo que tú quieras tomar, de esto se te dará en abundancia.

Pero no, se fue sintiendo atraído, más por las querencias de su corazón, que por las enseñanzas y dichas meditaciones del gran libro.

Y así pues, vino a parar a un pueblo donde mandaban los potentados, y le mostraron el cofre, donde estaba el oro y pandora, y vino su corazón a diluirse, y las pasiones terrenales y la adoración y la idolatría, y llegó a cumplirse lo escrito en el gran libro, y aún como moraleja; tiene más perdón, aquel que no promete; que aquél, que promete y no cumple, y así será.

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