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Columnistas  |  23 febrero de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Faber Bedoya

TODOS SOMOS CIUDADANOS SIN REPARO DE EDAD

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Faber Bedoya

Una característica predominante de los representantes de la mayoría de edad certificada, es la de ser Ciudadanos con acreditación de Alta Calidad. Colaboraron muchos factores, pero la educación fue determinante. En el hogar se inculcaba el respeto por el otro, la tolerancia y los valores cívicos. En los planes y programas académicos figuraba la educación Cívica y la Urbanidad como materias. Se calificaban. Uno de los objetivos primordiales de la Educación Primaria, de acuerdo con el decreto 1710 de 1963, contemplaba: “Procurar el desarrollo de la conciencia de la nacionalidad, el espíritu de convivencia, de tolerancia y de respeto mutuo, y el sentido de solidaridad con todos los pueblos del mundo” Los decretos 45 de 1962 y 080 de 1974, para bachillerato, incluían, en el área de Sociales, las asignaturas: Historia; Geografía, Filosofía; Instituciones Colombianas y Civismo Internacional; Civismo y Urbanidad. Y otra área, la de Educación Ética, Moral y Religiosa. Es decir, los ciudadanos maduros de hoy, estudiamos y nos formamos en la educación cívica y la Urbanidad.

En la actualidad la Ley 1732 del 1 de septiembre del 2014, establece la catedra de Democracia y Educación para la paz en toda las instituciones del país, con el fin de garantizar la creación y el fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia, basado en que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento de conformidad con lo dispuesto en el artículo 22 de la Constitución Política de Colombia, y que el numeral 10 del artículo 5 de la Ley 115 de 1994, consagra como uno de los fines de la educación: "La adquisición de una conciencia para la conservación, protección y mejoramiento del medio ambiente, de la calidad de la vida, del uso racional de los recursos naturales, prevención de desastres, dentro de una cultura ecológica y del riesgo y la defensa del patrimonio cultural de la Nación". Es decir, los ciudadanos jóvenes de hoy, estudiaron y se formaron en Democracia y Educación para la paz que considero, pone en contexto la educación Cívica y la Urbanidad, de antaño.

Esos fundamentos legales y conceptuales se proponen crear conciencia ciudadana. Conformar familias, grupos, vivir en ciudades o pueblos, es decir, en “hogares públicos” o “espacios de necesidades y aspiraciones públicas y de la justicia distributiva, existir en convivencia pacífica, construir el valor de la ciudadanía,” según Adela Cortina. Cuando se expande la conciencia ciudadana, se comprende que no solo somos sujetos de derechos sino también de deberes, nos enseña el respeto por las libertades individuales e intereses personales, sin desmedro del sentido de comunidad. De la necesaria cohesión social para alcanzar proyectos y aspiraciones de interés común, con participación consciente y responsable de todos los ciudadanos. El respeto por las diferencias, tolerancia en la divergencia, respeto a los mayores y de estos para con los jóvenes.

Por lo tanto, esta conciencia ciudadana se trae desde el hogar, se fundamenta en la escuela y se evidencia en la vida. No es necesario esperar a adquirir la ciudadanía, para ser un ciudadano. Somos ciudadanos desde que caminamos. Seguimos instrucciones muy precisas, admitimos reglas. Obedecemos, para sobrevivir. La vida se desarrolla en el orden, no en el caos. Y de mayores, es un placer educar con el ejemplo. Hoy tenemos superávit de información y déficit de formación. El consejo es válido si está acompañado de la acción consecuente.

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