• VIERNES,  07 AGOSTO DE 2020

Columnistas  |  01 agosto de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Jimena Marín

LA CORRUPCIÓN: UN MAL INEVITABLE EN EL QUINDÍO

0 Comentarios

Jimena Marín

Por Jimena Marín

Aunque la suspensión del alcalde de Armenia José Manuel Ríos fue repentina y aún está en discusión, no fue sorpresiva. Los quindianos la acogimos con naturalidad, como un viejo amigo que aparece de repente en nuestra casa. Con cinco alcaldes en línea investigados por corrupción y algunos incluso destituidos y en prisión, los armenios ya están acostumbrados a la corrupción.

Basta con ver las obras de valorización, las cuales tanto prometió la exalcaldesa Luz Piedad Valencia y por las cuales tanto pagamos los ciudadanos, para darse cuenta que algo no está bien en el Quindío. Y digo Quindío porque el problema de corrupción no es solo de Armenia. El alcalde de Calarcá también fue investigado por los contratos otorgados durante la emergencia por el COVID 19. Es una historia de nunca acabar.

Por tal razón, cabe preguntarse cuál es la razón por la cual siguen sucediendo estos eventos infortunados. ¿Acaso somos corruptos por naturaleza? ¿Algo en el ADN de los quindianos genera que seamos corruptos? No lo creo.

El problema es muy profundo y va hasta la estructura misma de la región. Somos un departamento en un país centralizado, en una región centralizada. Somos algo así como la cola de la cola. De por sí, un Estado centralizado genera que la mayor cantidad de empleo e industrias se concentre en la capital del país, Bogotá. Eso, de entrada, nos pone en una posición desventajosa con respecto al centro de la nación. Pero, como si no fuera poco, el eje cafetero se comporta como un mini país centralizado, a menor escala. Mientras Pereira tiene todas las industrias, todo el empleo, el Quindío y Caldas se ven rezagados. Aunque, ciertamente, Caldas tiene más empleo y mejores oportunidades, esto viene de un trayecto histórico de cuando era la capital del eje cafetero.

Esto ha generado que el Quindío sea uno de los departamentos con mayor desempleo en el país, ocupando siempre el segundo y tercer lugar en el país. Sin industrias ni grandes empresas que generen ocupación de las personas, es inevitable tener un alto índice de corrupción. Las personas que se gradúan de las universidades y aún las que no se gradúan, tienen como aspiración ocupar un cargo en la administración pública.

Esto también se deriva de que, históricamente, somos un departamento con una tendencia a graduar abogados. Los abogados, en su gran mayoría, son profesionales subordinados. Por esta razón, al haber gran cantidad de abogados y pocas industrias, casi todos aspiran a trabajar en la administración pública.

Adicionalmente, la falta de empleo genera un alto índice de pobreza.

La pobreza y la falta de empleo son dos componentes que, unidos, llevan indiscutiblemente a los eventos bochornosos de 6 alcaldes investigados en los últimos años y un escándalo de desfalco público de grandes proporciones, como lo es el de valorización.

Durante la campaña de Sandra Paola Hurtado y de varios de los que eran apoyados por ella, muchas veces escuché, de boca de los afectados, la denuncia privada de que eran conminados a votar por el candidato que ella mencionara e, incluso, a traer una lista de varias personas que fueran votos seguros.

Adicionalmente, para nadie es un secreto que algunos dignatarios de corporaciones públicas u otros entes gubernamentales piden “vacuna” por proveer un cargo de libre nombramiento y remoción. Esto es, un porcentaje del salario u honorarios para mantenerlo en el empleo.

Todos estos atropellos a la democracia y a la ética tienen un componente en común: se aprovechan de la necesidad de las personas que no tienen otra opción que permitir estos actos inmorales. Aunque muchos se quejen en privado, lo cierto es que, si no hay más empresa que la Alcaldía y la Gobernación, nadie se puede dar el lujo de perder la gracia de quien tiene el poder para darle el sustento de vida.

En derecho de la competencia esto se llama elasticidad de la demanda. Si hay pocos oferentes de empleo, no hay elasticidad porque las personas no pueden simplemente irse del empleo que tienen para otro cuando se vean cosas indebidas. Les toca soportar y acostumbrarse a las malas maneras del gobernante de turno, el cual, por ser la Alcaldía y la Gobernación casi un monopolio de la oferta de empleo, puede abusar de su poder.

Es un círculo vicioso, ya que el gobernante de turno, por la falta de efectividad de los entes de investigación, siempre podrá presionar a sus contratistas para elegir al candidato que él considere necesario. Por lo tanto, esta persona que elijan llegará a pagar favores al gobernante anterior. Y así, interminablemente.

Entonces, hasta que no haya más empresas y menos monopolio del Estado en la oferta de empleo, el Quindío no podrá salir de este hueco de corrupción en el que llevamos sumidos hace varios años. En las elecciones pasadas se dio un avance, por cuanto el voto en blanco fue fuerte, pero la falta de oportunidades pudo más y así será siempre mientras no traigamos más industria al departamento.

PUBLICIDAD

Otras Opiniones

Comenta este artículo

©2020 elquindiano.com todos los derechos reservados
Diseño y Desarrollo: logo Rhiss.net