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Columnistas  |  08 abril de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: ÁLVARO AYALA TAMAYO

NOS NINGUNIARON

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ÁLVARO AYALA TAMAYO

Por Álvaro Ayala

La venta y distribución de vacunas demuestra que la misericordia sólo es asunto de pobres, humildes y las religiones. En la agenda de gobiernos y países fuertes no existe el amor por el prójimo. Producir vacunas para finalizar un mal que agobia a la humanidad no es asunto de naciones como EEUU, China, Inglaterra o Rusia. Sálvate que yo no te salvaré, es el mensaje que hemos recibido de esos dinosaurios.

Pero somos ingenuos, ni en estas situaciones tan críticas y trascendentales nos unimos para rechazar su indolencia. Todos los días estamos más divididos que nunca. India, África, centro y sur América, tienen suficiente poder e inteligencia para formar un grupo capaz de buscar su propio polo de desarrollo, pero eso no está en los planes.

Acaparar productos es una práctica comercial con sanciones y tratándose de un bien indispensable como la medicina contra la pandemia, es delito y pecado. A ellos no les importa y a nosotros nos falta unión. Cuando estamos próximos a cumplir año y medio con el COVID 19 no sabemos las causas por las cuales un bicho tan lejano vino y nos atacó.

La vacuna se convirtió en un conflicto que destapó la falta de sensibilidad de los países poderosos, el abuso de algunos gobernantes y la falta de solidaridad de quienes se han brincado la fila para vacunarse primero. Hasta el Papa Francisco en sus oraciones tuvo que pedir equidad para que los enfermos pobres tengan derecho a la salud.

Existen graves indicios que están pagando para conseguir anticipadamente el turno. No producimos vacunas, pero si patentamos la jeringa vacía. Ese truquito Made in Colombia no fue descuido ni negligencia. Un asunto de salud pública universal tan grave no se ha manejado con deontología y lo convirtieron en un mercado que se negocia en las bolsas de valores todos los días.

No se ha distribuido equitativamente el biológico y por el contrario, ha generado conflictos sociales al dejar a millones de familias arruinadas. Al parecer la pandemia vino de China y paradójicamente allí hemos tenido que acudir a comprar millones de mascarillas para protegernos. Sus exportaciones aumentaron, su PIB creció y nosotros más pobres. Durante esta calamidad el barbijo se convirtió en artículo más de la canasta familiar. Hay que comprar menos huevos para poder llevar mascarillas.

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